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Tuesday, September 8, 2026

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Cycling

Brennan firma el póker en LaVuelta: con Van Aert todo es más fácil

La carrera se reanudó tras el descanso con una jornada rápida en la que volvió a brillar Visma

· 720 words

LaVuelta volvió del descanso como vuelven las carreras que ya saben quién manda. Sin sobresaltos, sin grandes montañas, sin la épica de las cumbres, pero con una certeza cada vez más incómoda para el resto del pelotón: cuando Visma decide que una etapa termina al esprint, casi siempre termina como Visma quiere. En Palos de la Frontera, con el mar cerca y la carretera estirada bajo un sol bravo, Matthew Brennan volvió a ganar. Otra vez. Y detrás de su triunfo estuvo, como tantas veces en esta Vuelta, la sombra de Wout van Aert, convertido en guardaespaldas, lanzador, policía y dueño del ritmo. La etapa había nacido en Cortegana con 181 kilómetros por delante y la sensación de que el día sería una cuenta atrás. Los velocistas miraban el perfil como quien ve una última puerta abierta antes de que regresen las montañas, la contrarreloj y los cuchillos de la general. La fuga se formó pronto, con Kevin Vermaeke, Valentin Madouas, Simon Dalby, Jasha Sütterlin y Roland Thalmann. Cinco hombres para un imposible que, durante algunas horas, tuvo forma de aventura. Nunca de amenaza. Porque detrás viajaba Visma. Amarillo y negro, paciente y voraz. Dejaba hacer, medía, calculaba. No había prisa porque todo estaba bajo control. La diferencia rondó los tres minutos, luego dos, después uno y medio. Cada referencia era una cuerda que se acortaba. La escapada pedaleaba sabiendo que la sentencia estaba escrita y que sólo faltaba conocer el kilómetro exacto en el que caería el martillo. Van Aert fue el hombre de la ley. El belga, que había ganado en esta Vuelta, renunció a la gloria propia para construir la de Brennan. Se dejó ver al frente, ordenó el pelotón, endureció los momentos de tensión y ayudó a mantener viva la persecución. Visma convirtió la etapa en una oficina: cada uno tenía una tarea, cada relevo una razón, cada metro una función. Y Brennan, protegido, esperaba. La fuga murió a 22 kilómetros de meta. Antes, Oliveira se había ido al suelo en un estrechamiento en Palos de la Frontera, provocando un parón que partió el pelotón en varios grupos y encendió los nervios. Hubo acelerones, movimientos, equipos que buscaron colocación con desesperación. Uno-X, Red Bull, Cofidis, Netcompany. Todos querían estar delante porque, cuando se huele el esprint, la carretera se vuelve pequeña y el miedo ocupa demasiado espacio. Enric Mas pasó por todo aquello con la serenidad del líder. Bien escoltado por Movistar, atento a los cortes y lejos de cualquier trampa, el balear sobrevivió a uno de esos días que parecen sencillos sólo cuando ya han terminado. Después de la abrasadora jornada de Córdoba y del segundo descanso, el maillot rojo salió intacto rumbo a una semana donde ya no habrá tregua. Felix Gall y Primoz Roglic siguen respirándole cerca. El verdadero combate espera más adelante. Pero esta vez el escenario pertenecía a los rápidos. En los últimos kilómetros, el pelotón se lanzó como un animal nervioso hacia la costa. Carretera ancha, buen asfalto y demasiados equipos buscando la misma rueda. A cuatro kilómetros de meta ya no había orden, sólo posiciones que duraban segundos y trenes que aparecían y desaparecían entre codazos, viento y velocidad. Van Aert tomó el mando como si el final estuviera ensayado. Su sola presencia delante obligó al resto a gastar antes de tiempo. Brennan aguardó detrás, escondido hasta que ya no quedaba nada que esconder. Cuando llegó el momento, el británico arrancó con esa violencia limpia de los grandes velocistas: sin mirar, sin dudar, sin regalar un centímetro. Salió disparado y nadie pudo alcanzarlo. Brennan levantó los brazos otra vez y Visma celebró una victoria que parecía programada desde la salida. No fue una etapa de gestas imposibles ni de ataques suicidas. Fue algo quizá más inquietante: una demostración de control absoluto. La escapada hizo su camino, los rivales intentaron discutir el guion y el líder salvó el día. Pero el desenlace perteneció al mismo equipo que había escrito casi todos los capítulos de velocidad de esta Vuelta. Van Aert no ganó, pero estuvo en todas partes. Brennan ganó porque tuvo piernas, sangre fría y potencia, pero también porque el gigante belga convirtió el caos en un pasillo. En Palos de la Frontera, Visma volvió a enseñar que es el mejor equipo de esta Vuelta en finales de este tipo.

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