Enric Mas, el campeón de todos
El balear entierra sus fantasmas y firma un triunfo incontestable frente a Roglic en LaVuelta más exigente
La travesía por el desierto del ciclismo español ha llegado a su fin. Se acabó la búsqueda del nuevo sustituto, la presión a los chavales de 20 años y, también, los palos a las diferentes intentonas frustradas que medianos, buenos y brillantes ciclistas patrios han planteado en los últimos tiempos. Ha llegado la hora de volver a sonreír. Enric Mas ha ganado la Vuelta a España. Renacido, el balear lo ha logrado tras transitar por el túnel más oscuro, tras dos años horribles que se cierran con la gloria máxima ganada como el mejor y más dominante ciclista en carrera. Su gestión de la comunicación no siempre fue la más fina y le llovieron hostias desde todas las direcciones —jefe incluido—, pero el corredor de Artà ha firmado una lección de humildad y entereza que ya es patrimonio de nuestro ciclismo. Atrás quedan los fantasmas del Vivero, el calvario del Mur de Bretagne, aquel pánico a las bajadas que verbalizó sin tapujos y el golpe más duro: una tromboflebitis que amenazó con frenarlo para siempre y le obligó a pasar cinco meses recluido en casa, entre pinchazos diarios de heparina para esquivar los trombos. El calvario ha quedado atrás. Ahora, Enric reina. Y lo hace desde la trinchera del Movistar Team, la última del ciclismo español en la élite mundial. Un equipo que resiste ante el empuje insaciable de los equipos estado y los superpresupuestos que amenazan con engullirlo todo. Un Movistar Team también denostado en infinidad de ocasiones por decisiones erráticas y dudas, pero que ha sabido mostrarse como un bloque solvente y bien dirigido, como siempre lo fue históricamente, para ganar. Todo ello con la entrada de un nuevo inversor y con su patrocinador deslizando que no le importaría dar el relevo. Enric Mas es un campeón de ley. Tras la retirada de Pogacar, ha sido el más fuerte en carrera. Tadej tenía el triunfo encarrilado, pero Mas ya le tentó en la grava del Bartolo, antes de su asalto total en Aitana. Ha sido un líder solvente, riguroso y dominante en LaVuelta más dura de la historia. Al calor de las estufas, como a él le gusta, y arropado por una estrategia perfecta, ha cimentado un triunfo que ya figura con letras doradas en el ciclismo nacional. El ciclismo de tres semanas premia a quien no falla, a quien sabe gestionar los momentos de máxima tensión y a quien mide, observa para ofrecer su mejor versión cuando el resto duda. Este Mas —maduro, frío y dominante— habría peleado la victoria en cualquier edición reciente. Si Tadej Pogacar hubiera estado en liza, la lectura del análisis habría sido idéntica a la actual: una distancia sideral entre el vencedor y un segundo puesto que muy probablemente habría ocupado el propio balear, seguido de un abismo con el resto. Y esto no minusvalora un ápice un triunfo que devuelve la fe a la bici española. Reafirma la victoria del mejor ciclista en carrera.
Gathered from external sources. Rights to this text belong to whoever originally published it.