Skip to content

Thursday, August 27, 2026

Gigantum.net
Cycling

“La pérdida de respeto en el pelotón es un reflejo de la sociedad que vivimos”

Codos, prisa y cuentas pendientes: voces experimentadas de la caravana ciclista analizan la difícil convivencia entre los ciclistas veteranos y la nueva hornada de jóvenes

· 974 words

El ciclismo pospandemia rueda sin frenos y no espera a nadie. En una era dominada por el scroll permanente y la urgencia del algoritmo o los resultados, el pelotón se ha visto contagiado por el ritmo del aquí y ahora. Se queman etapas a velocidad de vértigo, exigen resultados inmediatos y, en esa prisa neurótica, el viejo manual de los códigos ciclistas ha saltado por los aires. Son las normas de una nueva era. Las normas no escritas —esos códigos de honor que amortiguaban la tensión y mantenían las jerarquías— se perciben hoy como piezas de museo. Meter un codo de más, acortar por la hierba o pasar por encima de quien sea ya no activa la mala conciencia ni remordimientos; el éxito instantáneo justifica todo. El resultado es un pelotón, por momentos, en estado de paranoia constante, con las orejas tiesas, la tensión a flor de piel y una libreta de cuentas pendientes que amenaza con pasar factura en futuras contiendas. “El pelotón ya no respeta ni cuando el líder para a orinar”. Alertaba Egan Bernal hace dos años. Con tres ciclistas canibalizando cada vez las carreras de máximo nivel, la grieta gana profundidad a cada temporada que pasa. Gianni Moscon es uno de los tipos duros del pelotón. Once temporadas de profesional contemplan la carrera de un ciclista que ha acumulado diversas sanciones por indisciplinas. El italiano muestra su visión de la realidad del pelotón para MARCA. “Ahora prácticamente no nos conocemos entre nosotros. Además, los jóvenes llegan pensando que todo es posible. Antes había más respeto hacia los corredores veteranos. Creo que esto también refleja la sociedad en la que vivimos: hoy todo el mundo piensa que puede hacer cualquier cosa, hasta que se enfrenta a la realidad. Muchas veces no saben asumir las consecuencias de sus actos, y creo que eso también está ocurriendo en nuestro deporte. Es un reflejo de lo que sucede en el mundo”, confiesa con contundencia el ciclista de Red Bull – BORA. Al respecto, Moscon no ve propósito de enmienda. Cree que estamos ante un problema sin solución: “El mundo siempre avanza, así que inevitablemente el ciclismo cambiará. Lo que no sabemos es en qué dirección. Pero tampoco podemos quejarnos: simplemente tenemos que adaptarnos”. Raúl García Pierna es uno de los jóvenes de esta nueva ola. Tres victorias en seis temporadas como profesional acumula el madrileño, que fija perfil propio en cada competición. “Ahora se va mucho más rápido en cada carrera, por lo que todo el mundo lucha al máximo por la posición; ahora es mucho más decisivo que antes. Personalmente, intento mantener siempre el respeto, pero llega un punto en que, si por respetar te quedas el último del pelotón, pues que le den al respeto. Una cosa es ser bueno y otra cosa es ser tonto”, afirma con rotundidad el corredor de Movistar Team. Incluso figuras ilustres y curtidas en mil batallas como Mikel Landa comprueban hoy cómo la ambición de los jóvenes ha dinamitado las viejas jerarquías. Al ciclista alavés le toca vivirlo desde la barrera de los veteranos, a los que “los jóvenes llegan sin contemplaciones a meterles el codo en cualquier momento”. Landa recuerda que en sus inicios “ni se me pasaba por la cabeza hacer eso” a alguno de los gallos consagrados e incluso “le hacía hueco por puro respeto y por miedo a provocar una caída”. Como Moscon, el corredor del Soudal, ese valor tradicional “se ha ido perdiendo progresivamente”, una evolución que asume como “un reflejo de lo que ocurre hoy en día en el resto de la sociedad” y a la que no queda otra opción que “adaptarse”. Luis Ángel Maté también ha vivido en sus carnes esta evolución del ciclismo. En el autobús de Lotto Intermarché, junto al nuevo modelo de Orbea Orca, el madrileño rememora sus inicios y una frase que le marcó. “Pasé a profesionales en el Androni con muchos italianos: Gilberto Simoni, Davide Rebellin, Michele Scarponi, Andrea Bertolini... Corredores con muchísima experiencia, ganadores de Clásicas y Grandes Vueltas. En mi primera concentración, Michele Scarponi se me acercó y me dio un consejo que jamás olvidaré: ‘Te voy a dar un consejo a ti, niño, para que no se te olvide nunca dónde estás: tus primeros años aquí son para ver, oír y callar’. Sabía perfectamente cuál era mi sitio”, rememora el Lince. Luis Ángel cree que todo nace en el cambio de modelo: “En España teníamos un modelo extraordinario y superacertado. Se dejaba a los jóvenes progresar poco a poco, con cuidado. Primero los llevabas a ciertas carreras y luego a otras. Se planificaba su desarrollo para alcanzar el punto culminante a los 28 o 30 años. Lo que vivimos hoy es un reflejo de la sociedad: la cultura de la inmediatez, las redes sociales, los vídeos cortos y el “todo rápido”. Chicos como Paul Seixas, que pasan directamente de juveniles a rendir en el Tour de Francia y quizá la presión sobre ellos es grande y entran en un juego complicado”. Maté recuerda cómo el cambio de paradigma le atropelló. En mis últimos años, cuando veía a compañeros jóvenes pasar a profesionales tras ganarlo todo en júniors, intentaba asumir mi rol de veterano y darles algún consejo. Muchos me miraban como diciendo: «¿Y tú a mí qué me vas a enseñar, si yo vengo de ganarlo todo?». Llegaban a su primera carrera y querían disputar. Si les decías que tenían que trabajar para el equipo, se rebotaban: ‘No, no, ¿yo trabajar?’ Yo voy a hacer mi resultado’. Este modelo hace muchísimo daño a las estructuras”. Las palabras del marbellí retratan una distancia cada vez más profunda: la de un ciclismo que ha cambiado el aprendizaje por el individualismo feroz, donde el respeto a la experiencia se percibe como una debilidad y el trabajo de equipo, por momentos, parece una molestia.

Gathered from external sources. Rights to this text belong to whoever originally published it.