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Saturday, September 5, 2026

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Cycling

La Pandera, el 'Angliru del sur' que nació de un correo y amenaza el rojo de Enric Mas: "Tengo mal recuerdo"

Van Aert ganó en Loja, Movistar guardó fuerzas y LaVuelta afronta una cima donde Roglič y Gall necesitan recortar tiempo al líder

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Wout van Aert voló en Loja y los hombres de la general reservaron piernas. Movistar pasó la víspera con la vista puesta en este sábado, consciente de que el terreno de verdad esperaba un día después. También hubo desgaste fuera de la carretera: Gregor Mühlberger y Pavel Sivakov dijeron adiós a la carrera. Ahora llega La Pandera. Enric Mas afrontará de rojo una etapa de 154,5 kilómetros y alrededor de 4.000 metros de desnivel con Primož Roglič a 1:45 y Felix Gall a 2:06. Más allá espera todavía una contrarreloj de 32,1 kilómetros en la tercera semana. La etapa 14 coloca al líder ante una montaña para defender su renta y a sus rivales ante una obligación cada vez más evidente: necesitan empezar a moverse. Mucho antes que los ciclistas estuvieron allí los pastores. Antes de que las cámaras de televisión descubrieran sus paredes, la cima tuvo soldados, antenas y una base militar. La Pandera fue durante años una montaña casi secreta, elevada sobre el mar de olivos de Jaén, alejada del imaginario de LaVuelta hasta que una joven profesora de Educación Física tuvo una idea tan sencilla como decisiva: mandar un correo electrónico. Veinticinco años después, Mas llegará vestido de rojo a aquella carretera que estuvo cerca de seguir escondida. La historia comenzó en 2001, durante la feria de Valdepeñas de Jaén, cuando Juani Zafra escuchó a unos pastores comentar que la vieja carretera militar estaba abierta. La zona había estado vinculada durante décadas a unas instalaciones de vigilancia levantadas en tiempos de la Guerra Fría y posteriormente abandonadas. La verja ya no cerraba el paso. Juani tenía entonces 23 años y convenció a su pareja, Juan Alberto, para subir en coche. Encontraron una carretera brutal, áspera, con vistas inmensas y pendientes capaces de hacer sufrir hasta al motor. La idea salió sola: por allí tenía que pasar LaVuelta. Fueron a un cibercafé y escribieron a Unipublic en una época en la que un correo electrónico aún podía parecer un mensaje metido en una botella. La organización buscaba nuevas montañas capaces de ofrecer dureza e imágenes. El Angliru también había llegado a la carrera gracias a la iniciativa de un aficionado y La Pandera podía convertirse en una especie de hermano sureño. Unipublic fue a verla. Sólo un año más tarde, en 2002, el pelotón ya estaba allí. Roberto Heras ganó aquel estreno. En 2003 apareció un joven Alejandro Valverde para dejar su nombre en la cima cuando todavía empezaba a enseñar todo lo que sería después. Más tarde llegaron Andrey Kashechkin, Damiano Cunego, Rafał Majka y, en la última visita, Richard Carapaz en 2022. Lo que nació como una excursión de dos jóvenes jienenses terminó convertido en escenario habitual de una de las mayores carreras del mundo. La Pandera vuelve ahora con otra historia esperando turno y un líder español defendiendo una renta que empieza a tomar cuerpo. La jornada sale de Jaén y esconde castigo mucho antes de la última ascensión. Primero llegará el Puerto de los Villares, 10,4 kilómetros al 5,5%, y después el Puerto de Locubín, 8,8 al 5%. Son subidas capaces de vaciar piernas y reducir equipos antes de la verdadera selección. Después de Valdepeñas de Jaén la carretera empieza a enseñar los dientes. Hay rampas que alcanzan el 23% antes incluso de entrar en el tramo definitivo de La Pandera. La ascensión final oficial presenta unos 8,4 kilómetros al 7,8%, aunque la subida completa puede medirse desde bastante más abajo. Su carácter explica mejor la dificultad que cualquier cifra: irregular, cambiante, incómodo, con sectores de dos dígitos y un kilómetro que ronda el 12% de media. Cuesta encontrar ritmo y ese terreno multiplica las opciones tácticas. Mas llega reforzado por lo visto antes de Loja. Ganó en Aitana y en Calar Alto volvió a golpear a Roglič y Gall, añadiendo 27 segundos a una renta que ya obliga a sus perseguidores a mirar también el calendario. La crono del Puerto de Santa María a Jerez aparece en el horizonte como una amenaza especialmente seria frente a Roglič, de modo que cada segundo ganado en la montaña puede funcionar después como un pequeño seguro de vida. Mas rebajó ayer la necesidad de transformar cada puerto en una ofensiva. Su plan también pasa por administrar: llegar con los mejores, conservar la ventaja y guardar munición para una tercera semana con terreno suficiente para seguir moviendo la carrera. Roglič tiene otra necesidad. Debe empezar a acercarse. La Pandera, con rampas violentas y constantes cambios de ritmo, encaja con un corredor explosivo que guarda además un buen recuerdo de 2022, cuando en esta montaña fue capaz de distanciar al propio Mas. Gall dispone de todavía menos margen: la contrarreloj no juega a su favor y ha perdido además a Gregor Mühlberger, una pieza importante para la montaña. Carapaz, cuarto a 3:53, conoce el camino hasta la meta mejor que nadie porque fue el último ganador aquí. Oscar Onley, a 4:29, continúa mirando hacia el podio. Jakob Omrzel, con apenas 20 años y ya sexto después de su exhibición en Calar Alto, se ha convertido en ese invitado al que nadie se atreve ya a llamar sorpresa. Por delante también puede abrirse otra carrera, con Buitrago buscando puntos para la montaña y hombres como Kuss, Landa, Berrade, Widar, Johannessen, Fortunato o Paret-Peintre tratando de anticiparse. Detrás estará el maillot rojo, pendiente de Roglič, Gall y de ese reloj que todavía espera en la tercera semana. La Pandera vuelve a decidir cuentas La etapa saldrá de Jaén a las 13:33 horas y la llegada está prevista aproximadamente entre las 17:19 y las 17:44. Para entonces La Pandera habrá vuelto a hacer lo que lleva haciendo desde que aquel correo electrónico cambió su destino: seleccionar corredores y multiplicar el ruido en sus cunetas. La carretera que un día recorrieron Juani Zafra y Juan Alberto en coche recibe ahora a Enric Mas de rojo, con Roglič y Gall obligados a buscar tiempo antes de la crono. Todo empezó con una verja abierta, dos curiosos camino de una cima casi olvidada y una carretera militar que parecía hecha para otra cosa. Veinticinco años después, el pelotón volverá a retorcerse por sus rampas mientras abajo queda el mar de olivos de Jaén y arriba espera una meta que entró en LaVuelta gracias a un correo enviado desde un cibercafé.

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