Bassons recuerda su duro enfrentamiento con Armstrong: “Me dijo que estaba perjudicando al ciclismo”
El francés, que denunció el dopaje y sufrió el rechazo del pelotón, cuestiona la presencia de antiguos responsables en el ciclismo actual
Christophe Bassons vuelve a poner el foco en el silencio del ciclismo. El francés, que denunció las prácticas de dopaje cuando compartía pelotón con Lance Armstrong y acabó retirándose en 2001, ha expresado sus recelos sobre el entorno de Tadej Pogacar. En declaraciones a Winamax recogidas por Ciclismo Internacional, el exprofesional señala a los responsables que continúan vinculados a los equipos. Sus palabras expresan sospechas sobre ese entorno y no aportan pruebas de dopaje contra el esloveno. Bassons compara la evolución de las prestaciones y recuerda que la velocidad media del Tour de 1999 fue de 40,6 kilómetros por hora, frente a los 43,326 que recoge la información sobre la edición de 2026. Son cifras de recorridos y condiciones diferentes que, por sí solas, no permiten establecer conclusiones sobre el dopaje. “Me resulta difícil evaluar cuánto ha evolucionado el material. Pero las cifras de potencia no dejan de aumentar”, afirma. Su principal preocupación aparece después: “Lo que me llama la atención es el entorno de ciertos equipos. La gente que rodea a Pogačar no transmite precisamente confianza”. Entre los nombres que menciona está Mauro Gianetti, máximo responsable del UAE Team Emirates y antiguo dirigente del Saunier Duval. En aquel equipo corría Riccardo Riccò cuando dio positivo por CERA en el Tour de 2008, un caso que provocó la retirada de la formación de la carrera. Gianetti negó conocer las prácticas de dopaje y se presentó como una “víctima”. La información también recuerda el grave episodio médico que sufrió el suizo en 1998 y lo vincula al consumo de sustancias, así como a un supuesto intento de impedir que los médicos explicaran públicamente lo ocurrido. El francés considera que la continuidad de determinados dirigentes dificulta recuperar la confianza. “Existe una cultura mantenida por la vieja guardia, una omertà que sigue planeando sobre este entorno ¿Cómo vamos a creer que este mundo está limpio? Si lo estuviera, se abriría al exterior. Todos se protegen entre sí. ¿Por qué no iban a existir hoy productos tan eficaces como la EPO, pero que aún desconocemos y, por tanto, no podemos prohibir?”. Es el diagnóstico de Bassons, marcado por lo que vivió durante su carrera y por su posterior trabajo en la lucha antidopaje. Su denuncia le dejó aislado en los años del Festina y, después, en el FDJ. Bassons ha relatado en distintas ocasiones que rechazó consumir sustancias y que romper el silencio le costó la relación con sus compañeros. Según su testimonio, algunos incluso se negaron a compartir con él los premios. “Al ver cómo corrían, me dije que era imposible ganar el Tour sin doparse. Me puse a todo el mundo en contra. Lo único que tenía era mi voz. No soporto la injusticia. Ya nadie me hablaba. Ni siquiera mis compañeros de equipo”. El enfrentamiento con Armstrong llegó en el Tour de 1999. Bassons cuenta que el pelotón pretendía completar los primeros 100 kilómetros de una etapa a un ritmo tranquilo como protesta por las acusaciones de dopaje. Él decidió atacar desde el inicio. “Bajé a toda velocidad. Pero entonces vi que mi equipo y el de Armstrong me perseguían. De repente, sentí un golpe fuerte en el hombro. Era Armstrong. Me dijo que estaba perjudicando al ciclismo, que no tenía sitio allí, y remató con un ‘que te jodan’. Yo simplemente lo miré y sonreí”. Las presiones habían empezado antes. Bassons sitúa otro episodio en una celebración de Nochevieja a finales de 1996, en casa de un destacado corredor francés y junto a otros profesionales del suroeste del país. Según su relato, después de medianoche bajaron al sótano y el anfitrión comenzó a repartir jeringuillas con el llamado pot belge, una mezcla de sustancias que incluía anfetaminas. “Esta noche vas a pasar a formar parte de la familia”, recuerda que le dijeron. Él rechazó la jeringuilla con un “Ni hablar”. La respuesta que recibió fue una advertencia: “Más vale que mantengas la boca cerrada. No digas nada”. Del aislamiento a las agresiones Bassons explica que aquellas presiones también se justificaban por las obligaciones de un gregario. “Me ridiculizaban a menudo. Algunos líderes querían, a toda costa, que empezara a consumir sustancias. No me criticaban por no doparme, sino por no hacer bien mi trabajo. Me decían que debía hacer absolutamente todo lo que estuviera en mi mano por mi líder. En aquel momento, tuve la sensación de ser el único ciclista limpio; el único en el equipo Festina, de un total de 28 corredores. Y en los demás equipos ocurría exactamente lo mismo”. El francés dejó el ciclismo profesional a los 27 años y posteriormente trabajó con la Agencia Francesa de Lucha contra el Dopaje. La información lo sitúa todavía vinculado a esa labor como asesor interregional en Nueva Aquitania. De sus dos últimas temporadas conserva un recuerdo que va más allá del aislamiento: “En 2000 y 2001, se convirtió en acoso físico. Ciclistas franceses que ahora son directores deportivos me tiraron a la cuneta. Provocaron que me cayera dos o tres veces”.
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