Así se ganó LaVuelta con Enric Mas desde los coches de Movistar: "Nos pusimos en modo recordatorio"
Chente García Acosta desvela en Radio MARCA cómo el abandono de Pogacar obligó al equipo a cambiar por completo su estrategia
El momento duró apenas unos segundos, pero cambió toda LaVuelta de Movistar. Dentro del coche, mientras la carrera seguía avanzando, llegó la noticia: Tadej Pogacar abandonaba. Chente García Acosta miró a José Luis Rojas y todos entendieron lo mismo sin necesidad de demasiadas palabras. Hasta ese instante habían corrido pensando en otro guion, con UAE obligado a llevar el peso de la prueba y con ellos preparados para buscar etapas, infiltrar hombres en las fugas y proteger a Enric Mas sin asumir toda la responsabilidad. De repente, el tablero se dio la vuelta. "Nos encontramos con el maillot así de repente, en segundos. Me acuerdo perfectamente cuando se cayó Pogacar y cuando nos dijeron que se había retirado. Subíamos un repecho y nos mirábamos Rojas, yo y el mecánico, diciendo: 'Mi vida, ahora...'". Lo que venía después no hacía falta decirlo. Tocaba ganar LaVuelta. Movistar había llegado a Mónaco con una hoja de ruta completamente distinta. "Veníamos a una carrera que sabíamos que iba a estar súper dominada por Pogacar y por UAE y así fue los primeros días", explicó Chente en Radio MARCA. Esa certeza había influido incluso en la confección del equipo, porque dentro de la estructura existieron dudas hasta última hora sobre si llevar otro escalador o formar un bloque más abierto a cazar etapas. "Tuvimos muchas dudas de llevar a otro escalador o si nos valía con lo que teníamos porque teníamos que ir a por etapas", reconoció el director. La temprana pérdida de Cian Uijtdebroeks ya había supuesto un golpe importante, pero el abandono de Pogacar obligó a una reconstrucción estratégica total. En apenas unos kilómetros, Movistar dejó de ser un equipo que esperaba movimientos ajenos para convertirse en el equipo al que todos iban a mirar. Ahí entró en juego algo que no aparece en las clasificaciones ni en los potenciómetros: la memoria. Chente García Acosta y sus compañeros de dirección habían vivido situaciones semejantes durante sus años como corredores y supieron reconocer rápidamente qué exigía el nuevo escenario. "Nos pusimos en modo recordatorio a ver cómo se hacía. Rápidamente nos acordamos y empezamos a gestionar un poco la carrera de otra forma, una forma de defender, de defendernos", explicó. La frase resume buena parte de la transformación de Movistar durante estas tres semanas. El equipo tuvo que recuperar hábitos de otra época de la estructura, cuando controlar una gran vuelta y defender un liderato formaban parte del día a día. Ya no se trataba sólo de acompañar a Mas. Había que prever, colocar, mandar, desgastar rivales y convertir cada jornada en un pequeño ejercicio de supervivencia. El primer sacrificio fue evidente. Las fugas dejaron de ser prioridad. Los corredores que habían comenzado LaVuelta pensando en sus propias oportunidades tuvieron que borrar sus planes individuales de un plumazo. "La idea nuestra era defender el maillot. La idea que teníamos de ir con los chavales a las fugas la tuvimos que dejar aparte", señaló Chente. El cambio de rol fue radical para algunos hombres que apenas habían vivido una situación semejante. Pasaron de buscar una escapada a cerrar huecos, colocarse por delante, acompañar a Mas, gastar energía lejos de meta o asumir kilómetros de trabajo sin recompensa personal. Y lo hicieron sin protestar. "Ellos, encantados de cambiar de rol, de ir todos a una con Enric. La verdad es que han estado perfectos. Eran cosas que nunca habían hecho, que nunca se les habían pasado por la cabeza que las volveríamos a hacer". Desde los coches se fue construyendo entonces una estrategia que mezcló control y anticipación. Movistar quiso tener siempre alguna pieza colocada antes de que llegara el movimiento de los rivales, contar con hombres por delante en momentos determinados y evitar que Enric quedara aislado cuando Roglic, Gall o cualquiera de los aspirantes intentara dinamitar la carrera. "Ha sido una Vuelta súper guapa para nosotros también porque hemos recordado la forma de correr que hemos corrido siempre: teniendo siempre gente por delante, cada uno en su sitio y gestionando a los corredores en todo momento", explicó Chente. El director habló incluso de "un ciclismo diferente al que últimamente estábamos acostumbrados", una forma de correr en la que la radio y las decisiones del coche recuperaron un peso enorme. No bastaba con tener al hombre más fuerte. Había que saber leer la etapa antes que los demás. La estrategia funcionó porque detrás había una predisposición colectiva absoluta. Chente insiste una y otra vez en la misma palabra para explicar el triunfo: "piña". "El equipo que ha estado aquí ha hecho una piña impresionante y han corrido como si fuesen amigos, colegas. Esa ha sido un poco la clave", aseguró. En una carrera de tres semanas, donde las jerarquías pueden romper un vestuario cuando empiezan los sacrificios, Movistar consiguió lo contrario. Cuanto más cerca estaba Mas de ganar, más dispuesto parecía cada compañero a vaciarse por él. García Acosta extiende ese mérito además a toda la estructura: corredores, auxiliares, mecánicos, masajistas y miembros del equipo que estaban trabajando en otras carreras o desde casa. "De primero al último, todos los miembros del equipo", subrayó. Nada de aquello nació de la noche a la mañana. Durante el mes de julio, en una concentración en Andorra, Chente ya había detectado algo distinto en Mas. "Vi otro Enric diferente a lo que estaba acostumbrado a ver", recordó. Le vio más rápido, seguro y convencido, y también observó cómo empezaba a construirse la relación con buena parte de los corredores que posteriormente formarían el bloque de LaVuelta. "Allí ya empezaron a hacer una piña impresionante con los corredores que han tenido en LaVuelta, y eso también ha sido una de las cosas claves para la victoria de Enric, porque todo el mundo estábamos con él, apoyándolo, dándole confianza y seguridad". Burgos terminó de confirmar las sensaciones y las primeras jornadas de la ronda española demostraron que el mallorquín estaba preparado para algo grande. Mas también respondió como líder cuando cambió el escenario. Durante años había recibido críticas por su manera de correr, especialmente por una supuesta falta de ataques, pero dentro del equipo siempre defendieron que muchas de aquellas interpretaciones ignoraban lo que realmente pasaba en sus piernas o en su cabeza. "Está claro que se le ha criticado mucho. Siempre: 'Joder, que Enric no ataca'. Pero hay que ponerse también en la piel de Enric. Muchas veces atacar no es atacar porque sí. No vas bien, no estás seguro, no estás con confianza", explicó Chente. Esta vez todo confluyó: piernas, seguridad, equipo y un contexto de carrera que terminó convirtiéndolo en el centro de cada decisión. "Ha ejercido de líder impresionantemente bien, ha estado a la altura impresionante", sentenció el director. El funcionamiento del grupo quedó resumido en una filosofía casi elemental: "Hoy por ti, mañana por mí. Todos a una". Movistar convirtió el sacrificio en una cadena en la que cada corredor sabía cuándo debía intervenir y cuándo tenía que dejar paso al siguiente. "La piña que se ha hecho de equipo, de grupo, de amistad, de solidaridad" fue, según Chente, una de las grandes claves de la victoria. Y ahí estuvo también una parte fundamental del trabajo de los coches: convencer a todos de que cada relevo, cada movimiento anticipado y cada kilómetro de desgaste tenía un sentido común. La general terminó dándoles la razón. El resultado final superó cualquier previsión. "Teníamos una Vuelta que no esperábamos ni por asomo", reconoció García Acosta, todavía "en una nube" después de Granada. La dimensión deportiva del triunfo es enorme también para una estructura que vuelve a ganar una de las tres grandes en un ciclismo dominado económicamente por gigantes como UAE, Visma o Red Bull-BORA. Chente no entra demasiado en las posibles consecuencias empresariales, pero sí entiende el valor de volver a sentarse en esa mesa. "Haber ganado una de las tres grandes, acostumbrados a que en los últimos años ganaban dos equipos grandes, y estar ahí dentro de esos equipos, creo que nos vendrá muy bien a todos". Movistar comenzó LaVuelta intentando aprovechar la responsabilidad de los demás y terminó asumiendo toda la suya. Dejó las fugas, cerró filas alrededor de Mas y convirtió los coches en un centro de operaciones permanente. Cada jornada exigió leer la carrera, medir fuerzas y decidir cuándo defender y cuándo colocar hombres por delante. "Nosotros hemos intentado hacer la forma que mejor nos venía a nosotros y la forma correcta para nosotros", resumió Chente. Aquel día, cuando llegó la noticia del abandono de Pogacar y dentro del coche todos se miraron preguntándose qué venía ahora, comenzó en realidad otra Vuelta. Movistar desempolvó su viejo manual, volvió a recordar cómo se protegía un liderato durante tres semanas y terminó llevando La Roja hasta Granada.
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