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Monday, September 14, 2026

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Cycling

"Cayó el extraterrestre y apareció el nuevo Mas: LaVuelta que cambió con una piedra"

La contracrónica de una carrera que empezó dominando Pogacar y terminó coronando a Enric Mas doce años después del último triunfo español

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Una piedra cambió LaVuelta 2026. Hasta la octava etapa, Tadej Pogacar había convertido la carrera en otra demostración de fuerza: tres victorias, ataques demoledores y casi cuatro minutos sobre sus rivales. Parecía terminada antes de tiempo. Pero el esloveno cayó camino de Xeraco, se fracturó la clavícula y desapareció de escena. Entonces comenzó otra Vuelta. La de Enric Mas, la del regreso de Mikel Landa, la explosión de Matthew Brennan, el verde de Wout Van Aert y también la de quienes nunca encontraron sus piernas. Granada cerró tres semanas imposibles de resumir sólo con una clasificación: España volvió a ganar su gran vuelta 12 años después. Durante años se le preguntó si algún día sería capaz de ganar. Enric Mas respondió en la carretera. Y quizá la verdadera transformación no estuvo en las piernas, sino en la cabeza. Cuando Pogacar desapareció de LaVuelta, el mallorquín no esperó acontecimientos: asumió el papel de favorito y corrió como tal. Su victoria en Aitana fue el punto de inflexión. Vestía de rojo y cruzó la meta lanzando un grito que pareció liberar muchos años de presión. "El día más especial e importante para mí fue la victoria en Aitana", reconocería después. Pero LaVuelta no la ganó únicamente allí. La ganó atacando y resistiendo en la montaña, sobreviviendo a la temida crono de Jerez y demostrando frente a Primoz Roglic y Felix Gall que esta vez nadie iba a sacarle de su sitio. Incluso antes del abandono de Pogacar, en El Bartolo, había sido el único que se atrevió a medir fuerzas con el esloveno. Cuatro podios después, todas aquellas veces que estuvo cerca encontraron sentido en Granada. El nuevo Mas ya no corre para demostrar. Corre para ganar. El ciclismo volvió a recordar que ninguna carrera está ganada hasta que se cruza la última meta. Pogacar llevaba LaVuelta encaminada hacia otra exhibición cuando todo terminó en cuestión de segundos. A 32 kilómetros de Xeraco, una piedra apareció en su camino. Caída violenta, clavícula fracturada, abandono y operación. De ir camino de conquistar la única grande que todavía falta en su palmarés a marcharse de la carrera antes de completar siquiera la primera mitad. Hasta entonces había ganado tres etapas y aplastado a sus adversarios. La sensación era que nadie podía derrotarle. Y seguramente nadie lo hizo. Lo hizo una piedra. La imagen del gran favorito en el suelo fue la más dura de esta edición y cambió por completo el argumento de LaVuelta. Pogacar tendrá que volver. Si hubo un equipo capaz de convertir las victorias en rutina fue Visma-Lease a Bike. Sin Jonas Vingegaard para discutir la general, cambió de plan y terminó ganando siete etapas. Cinco fueron para Matthew Brennan, una cifra descomunal para un corredor que convirtió cada llegada rápida en territorio propio. Las otras dos llevaron la firma de Wout Van Aert, que además se marchó de Granada con el maillot verde y el premio a la supercombatividad. El belga estuvo en todas partes. Sprintó, se metió en escapadas, trabajó para sus compañeros y controló carreras que en teoría no tenían demasiado que ver con sus características. "Después del maillot del Tour, este de LaVuelta salda una cuenta pendiente", explicó al terminar. Y todavía quedó una última jugada maestra: Sepp Kuss pasó de la undécima a la quinta plaza de la general con la ofensiva preparada por Visma en el Collado del Alguacil. Siete etapas, el verde y un top-5. Sin luchar por la roja, Visma jugó su propia Vuelta en modo videojuego. Era una de las grandes esperanzas españolas para la clasificación general, pero Carlos Rodríguez nunca llegó realmente a entrar en LaVuelta. El granadino se descolgó pronto cuando llegaron las primeras grandes montañas y la situación no mejoró con el paso de los días. Mientras Mas crecía y otros españoles encontraban protagonismo, el corredor andaluz fue alejándose de los puestos importantes hasta terminar 36º de la general. Una posición demasiado discreta para un ciclista que ya sabe lo que significa competir contra los mejores en una gran vuelta. La edad sigue jugando a su favor y su calidad está fuera de duda, pero LaVuelta 2026 deja una conclusión evidente: Carlos necesita reencontrar la versión que alguna vez le colocó entre los nombres llamados a disputar las grandes carreras. Esta vez apenas apareció. Hay victorias que suman al palmarés y otras que cuentan una historia. La de Mikel Landa en el Collado del Alguacil pertenece al segundo grupo. Llegó a Mónaco todavía condicionado por el atropello sufrido meses atrás. Ni siquiera él sabía hasta dónde podría llegar. Pasaron los días y, cuando muchos habían dejado de esperarle, apareció el Landa de siempre. Atacó, resistió y ganó en solitario la etapa reina 11 años después de su primer triunfo en LaVuelta. "Me he acordado de mis hijos. Si un día ven esto, quiero que sepan que no te puedes rendir nunca", dijo después. Pocas frases explican mejor su carrera. Landa volvió a encender el landismo justo cuando parecía que aquella llama empezaba a apagarse. Sin pelear la general, sin ser el más fuerte durante tres semanas y sin necesidad de reivindicar nada. Simplemente esperando su momento. Y cuando llegó, volvió a hacer magia.

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