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Un día con los Noval en Asturias, del Angliru al homenaje del Tartiere: "¿Este es el guaje que lo va a ganar todo?"

MARCA comparte una jornada en Asturias con Benja Noval y su familia: el doble campeón mundial júnior enseña sus medallas, habla del salto a Ineos y recibe el cariño del oviedismo

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En casa de los Noval hay medallas que explican por qué el teléfono lleva semanas reclamando atención. Dos oros mundiales, un título europeo y un apellido que el ciclismo conoce desde hace tiempo, aunque ahora lo pronuncia pensando en el hijo. Benja acaba de cumplir 18 años y se prepara para pasar a profesionales con Ineos. Antes, MARCA comparte una jornada con él y con su familia en Asturias: en su casa, al pie del Angliru y en el Carlos Tartiere, donde el joven campeón recibe el reconocimiento de los suyos. Entre un escenario y otro aparece el corredor que quiere llegar lejos, pero también el chaval que sale con sus amigos, pasea con los perros y, después de ganar dos Mundiales y el Europeo de crono, vuelve a cenar con sus abuelos. "La vida que llevo es la que me gusta. Seguiré teniendo la misma vida, los mismos amigos… Yo creo que nada cambia", asegura. Fuera de casa, sin embargo, sí han cambiado muchas cosas. Ahora llegan entrevistas, fotografías, homenajes y comparaciones con campeones a los que hasta hace poco miraba desde una distancia mayor. Benja lo admite sin darle demasiadas vueltas: "Soy bastante tranquilo, lo llevo bastante bien y la verdad es que no me influye en mi vida". Su padre, gregario de cracks como Armstrong o Contador en otra vida, observa el proceso con orgullo y con la experiencia de quien sabe cuánto cuesta hacerse un sitio en este deporte. "Estamos intentando transmitirle la calma necesaria para afrontar todo este boom, tanto lo bueno como lo malo. Hay que ser conscientes de que esto es el principio. Tampoco hay que tirar las campanas al vuelo". La casa familiar está en Puente de Arco, a unos kilómetros de Laviana. Benjamín Noval padre describe un pueblo de unos 30 o 40 vecinos, casas individuales y una vida tranquila. Allí se mantiene una rutina que los éxitos todavía no han desordenado demasiado. Benja se levanta, desayuna con tiempo y deja margen antes de salir a entrenar. Después toca descansar. "Es muy metódico con muchas cosas. Mira mucho la alimentación. No tiene nutricionista, pero es bastante autodidacta con la nutrición. Le gusta leer, saber qué come y cómo lo come", cuenta su padre. También están los perros, los amigos y su hermana Lua, que ha empezado a recorrer su propio camino sobre la bicicleta. Las medallas están ahí, al alcance, pero el campeón no pretende llevarlas a todas sus conversaciones. Con sus amigos prefiere hablar de otras cosas. "No soy nada creído. Es más, no me gusta hablar de ello ni tenerlo presente. Ellos también lo saben y ni hablamos de ello. Me dicen que es una locura y todo, pero yo al final paso del tema y nos evadimos del ciclismo". Cuando se le pregunta qué hizo nada más regresar del doblete mundial, ofrece una respuesta que resume bien sus costumbres: "Montar en bici lo primero. Después hice un poco de rodillo y fui a cenar con los abuelos". En la base del Angliru, unos paisanos se acercan y preguntan: "¿Este es el guaje que va a ganar todo?". La escena explica hasta dónde ha llegado la expectación por Benja. En su tierra ya le reconocen y le atribuyen un futuro enorme, aunque él prefiere ir descubriéndolo carrera a carrera. Tiene delante una montaña que forma parte de la historia del ciclismo y que todavía tiene pendiente. No le preocupa tacharla cuanto antes de una lista. "Siempre me dicen que suba al Angliru y dije que, hasta que no me lo manden, no tenía pensado subirlo. Y creo que así va a ser. Ojalá, por supuesto, tener que venir a reconocerlo para disputar algún día aquí, ya sea una grande o una etapa". La ilusión existe, pero no quiere convertirla en una obligación anticipada. Imaginarse ganando allí queda para más adelante: "Ojalá llegue, por supuesto, pero vamos a dejar que venga solo y no meter prisa". De pequeño tampoco salía de casa pensando en conquistar sus rampas. La bicicleta era una forma de pasar la tarde. "Al principio andaba en bici sin más, con los amigos, por hacer algo y también porque mi padre fue ciclista. Pero sin pensar en correr o en ser ciclista". Luego fueron llegando las carreras y las lecciones de la Samuel Sánchez MMR Academy. Algunas las aprendió antes de competir, sentado en el coche y escuchando a los mayores. "Tanto Samuel como mi padre, desde que empezó la Academia, me han enseñado tácticas del día a día y de carrera. Yo fui en el coche en distintas etapas cuando era pequeño y todas esas cosas que decían al resto las vas pillando y las vas anotando en tu cabeza. Forman parte de tu vida". Su padre ha vivido ese aprendizaje desde varios lugares: al frente de la academia, en el coche y en casa. Ahora, por encima de todos esos papeles, pone el de padre. "Pensar siempre en él, en que vaya todo bien, que no tenga percances, que tenga salud y una progresión buena y acorde". Le toca recordar lo que cuesta llegar, especialmente cuando fuera se multiplican los elogios. "Las cosas buenas ya hay mucha gente alrededor que se las dice. Nosotros tenemos que poner ese punto de centrarle y recordarle que hay que tener los pies en el suelo". El hijo reconoce que algunos consejos tácticos necesitó tiempo para entenderlos. También el valor de colaborar y de moderar la ambición cuando la carrera lo exige. "Saber colaborar bien con los compañeros creo que te da un punto a favor, tanto dentro de la bici como fuera". En el test rápido, cuando debe elegir qué consejo paterno le cuesta más cumplir, no duda: "Tener tranquilidad en carrera". Su padre conoce bien esa vena competitiva. "Es muy ganador. No se arruga a la hora de competir y eso le hace muy valiente. No es conformista. Arriesga mucho atacando de lejos, como hizo en el Mundial y en muchas carreras". La jornada también lleva a los Noval al Carlos Tartiere. Allí Benja cambia por un rato la bicicleta por el balón y realiza el saque de honor del encuentro entre el Real Oviedo y el Eibar. Vestido con el chándal del conjunto azul y con sus medallas en la mano, recibe el aplauso de una afición de la que él mismo forma parte. El homenaje tiene ese valor añadido: el campeón es también un oviedista al que su club reconoce sobre el césped. La ovación del Tartiere da una medida distinta de lo conseguido. Hasta entonces, el éxito había llegado desde las carreteras y los podios internacionales; ahora lo celebran las gradas de su equipo. Benja comparte con el oviedismo los frutos de unas semanas excepcionales, en las que ha encadenado títulos, ha cumplido la mayoría de edad y ha empezado a descubrir cuánto interés despierta su futuro. El Real Oviedo completa la tarde con una victoria por 3-1 ante el Eibar, en una jornada que el joven ciclista puede guardar junto a los recuerdos de sus triunfos. En el Tartiere se le puede ver fuera del ambiente habitual de las carreras. En el estadio está el campeón al que aplauden; en casa sigue siendo el hijo al que sus padres intentan proteger de las prisas. Ambas cosas conviven. Benja asegura que escucha lo que se dice sobre él sin cambiar sus prioridades. Cuando aparece la expresión "el futuro del ciclismo español", responde: "No lo pienso. Pienso en mí, en el día a día y ahora, sobre todo, en descansar. Cuando empiece a entrenar, en ver mejores números cada día e ir mejorando poco a poco". Las medallas llevan la conversación de vuelta a Montreal. Benja había preparado el Mundial sabiendo que podía ganar, aunque evita presentar el desenlace como algo inevitable. "Ya el mes de antes pensaba en preparar bien el Mundial e intentar hacerlo lo mejor posible. Sabía que podía ganar, así que entrené lo mejor posible para intentar conseguir mi mejor versión para ese día". De aquellos días conserva las victorias y también recuerdos menos visibles: el tiempo compartido con Iván Romeo antes de la contrarreloj y la jornada previa a la prueba en línea junto a la selección júnior. "Esos momentos no se olvidan". El abrazo con su padre después del triunfo fue una de las imágenes de la celebración. Hablaron de la carrera y de lo que acababa de conseguir, aunque todavía costaba asumirlo. "Yo creo que en ese momento ninguno lo había asimilado". El padre admite que el doblete les colocó ante algo enorme: "Ya ganar uno es complicado, y tuvo la suerte de ganar los dos". A partir de ahí, el reto familiar consiste en acompañar la alegría y gestionar todo lo que ha llegado detrás. El Europeo dejó un recuerdo bastante más sufrido. Benja llegó condicionado por la enfermedad y ganó la contrarreloj por tres centésimas el día de su 18 cumpleaños. "Después de ganar el Mundial me relajé bastante y después me puse malo. Esa semana estuve tomando bastantes medicamentos y me costaba un poco ir en bici. Gané la crono, pero creo que fue uno de los días que más sufrí este año por la sensación tan rara que tenía encima de la bicicleta". Los números que esperaba no salieron. Tuvo que sostener el esfuerzo, especialmente al final, y aceptar lo que había ese día. "No puedes cambiar nada. Sales a hacerlo lo mejor posible. Contento, y más porque era también el día de mi cumpleaños". Entre el regreso, la prensa y los compromisos apenas tuvo tiempo para pensar un deseo al cumplir los 18. Quiere hacerlo ahora, durante el descanso, cuando pueda ordenar los objetivos de la próxima temporada. La adolescencia ya ha tenido sus dificultades para encajar con una actividad tan exigente. Los estudios han sido una de ellas. "Creo que es bastante complicado compaginarlo si quieres hacerlo todo a un nivel alto. Siempre digo que hacer bien, bien, solo puedes hacer una cosa", explica. El siguiente capítulo será Ineos. Benja cuenta que el fichaje se resolvió sin que necesitara estar pendiente de cada conversación. "Cuando me dijeron que Ineos quería apostar, mis mánagers lo resolvieron. Estoy súper orgulloso de ellos. Me llevan súper bien y no me tengo que preocupar de nada más que de dar pedales y disfrutar de la bici". El interés de Movistar no le hizo cambiar de rumbo. "Por supuesto que llama la atención porque es un equipo español, pero creo que también hay que romper un poco los esquemas, ir fuera y conocer cosas nuevas". La etiqueta de "el chico del millón de euros de Ineos" tampoco le lleva a entrar en cifras. "No me influye para nada lo que piensen los demás. Sé lo que tengo que hacer y tengo tranquilidad absoluta". Su padre contesta desde una aspiración más amplia: "Ojalá tenga una carrera deportiva extensa y larga, que pueda llegar a vivir de este deporte y tener una carrera fructífera. Poder decir que vive del deporte que ha sido su afición desde pequeño ya sería muchísimo". Lo que más inquieta al hijo es la respuesta de su cuerpo cuando cambie la duración y la intensidad de las carreras. "Lo que más miedo me da es la categoría y cómo me voy a encontrar en las subidas después de cinco horas encima de la bicicleta". No habla de los titulares ni del sueldo, sino de una subida al final de una jornada larga. Ahí tendrá que descubrir otra parte de sí mismo. El idioma también exigirá adaptación, aunque lo afronta con naturalidad: "No puedo fardar de hablar mucho inglés, pero creo que lo manejo bastante bien. Y si tengo alguna duda, lo pregunto y ya está. En estos cuatro años seguro que aprenderé algo". Para el primer año quiere ayudar. No reclama una carrera concreta ni se imagina entrando ya como líder. "Quiero ayudar al equipo en todo lo posible y tener una figura destacable, ya no ganando, sino ayudando a los compañeros o tirando del grupo". Aceptará el calendario que decida la estructura y, si aparece una ocasión para disputar, intentará aprovecharla. También sabe que llegará el momento de sentirse inferior y sufrir más que otros. "Hasta ahora nunca tuve esa sensación, pero para el año que viene y el resto de años creo que la voy a tener varias veces". Su padre espera una incorporación progresiva. Habla de posibles carreras como Valencia, pruebas en Francia, alguna clásica y contactos puntuales con el WorldTour, aunque deja claro que son ideas suyas y que corresponde al equipo decidir. Le gusta como referencia el inicio de Carlos Rodríguez en la estructura. El trabajo de Benja también irá cambiando: alimentación con pautas más concretas, resistencia, core y los aspectos que Ineos considere necesarios. "Siempre teniendo en cuenta que todavía está en periodo de formación", recuerda. Benja no tiene cerrado qué clase de corredor será. "La carretera me pondrá en mi lugar. No sé qué corredor soy hoy. Sé que me defiendo bien para arriba, en el llano no se me da mal y creo que lo que peor se me da es el sprint o las carreras muy, muy llanas". Su padre le ve posibilidades en las clásicas de las Ardenas y utiliza dos referencias conocidas para explicar lo que intuye: "Yo lo veo un híbrido entre Alejandro y Contador". En las grandes vueltas prefiere esperar. Habrá que comprobar cómo responde al paso de los días y a la acumulación de esfuerzos. Contador fue su ídolo de infancia. Cuando ganó el Mundial, Alberto le llamó y le dio la enhorabuena. "Me dijo que estaba orgulloso de que lo hubiese celebrado así". Benja recuerda haber visto desde casa una victoria del madrileño en el Angliru. Su padre, que trabajó a su lado, pone el acento en la cabeza. "Alberto tenía una cabeza de hierro". Después de un día malo era capaz de llegar al hotel, desconectar y empezar a pensar dónde atacar al siguiente. "La cabeza, en esos momentos, es casi mucho más importante que las piernas". Entre los actuales, Benja mira especialmente a Pogacar y Vingegaard, aunque intenta aprender de todos. "Siempre digo que hay que fijarse en todos los corredores, sacar de cada uno la mejor versión y ponerlas todas juntas". Para él, "ahora mismo Pogacar es el corredor perfecto". Si tuviera que construir un ciclista ideal, elegiría al esloveno para escalar, a Remco para la contrarreloj, a velocistas como Milan, Magnier o Philipsen y a rodadores como Romeo o Politt. Ganar a Pogacar le gustaría, pero no disimula la dificultad. "Por supuesto que me gustaría, pero eso será bastante complicado. Cuando él decaiga, a lo mejor sí, pero ahora yo lo veo bastante imposible". Las comparaciones con el esloveno o con Evenepoel le hacen ilusión porque hablan de corredores extraordinarios, aunque quiere desarrollar su propia manera de competir. También se declara landista y seguidor de los españoles. "Cuando Landa ganó este año en LaVuelta creo que todos nos alegramos", dice. La atención también trae comentarios desagradables. Benja asegura que la presión y las críticas le dan motivación. Su padre recuerda haberle preguntado qué encontraba en las redes. La respuesta fue: "De todo, papá. Comentarios criminales, comentarios buenos…". Lo que le sorprendió fue la reacción del hijo ante los negativos: "No es que me venga abajo, todo lo contrario. Me hace crecerme". El joven lo explica como una parte de la vida del deportista con la que toca convivir. "De momento lo llevo bastante bien. Espero no cambiar y que siga así". En el ámbito familiar, el futuro inmediato pasa por seguir acompañándolo. No está decidido si vivirá fuera de Asturias más adelante. "Tiene una edad para seguir en casa con nosotros y, si en un futuro se valora ir a algún sitio, intentaremos acompañarle también en ese proceso", señala su padre. Ahora prefieren que descanse, disfrute con sus amigos, mejore el inglés y se adapte poco a poco al equipo. Benjamín seguirá colaborando con la academia, pero cree que su hijo necesita especialmente ese apoyo en el inicio profesional. El padre de uno de los talentos más precoces del ciclismo español es también quien más insiste en que su recorrido no debe convertirse en una exigencia para todos. "No podemos pretender que todos sean profesionales con 18 años. No podemos instaurar la idea de que si no llegas muy joven ya no vas a llegar, porque se nos va a quedar mucho talento en la cuneta". Ve chicos que interpretan que, si no entran enseguida en una estructura de desarrollo, deben dejar la bicicleta. Y cree que algunos necesitan dos años más para madurar. "Yo tengo a Benja y no lo pongo como ejemplo. No es un ejemplo en ese sentido. Es un talento, un chaval que ha salido muy bueno y que, por su evolución y por cómo es, todo indica que está preparado para ello". Habla desde la experiencia de la academia, donde ha visto procesos diferentes. Las herramientas actuales permiten entrenar mejor desde edades tempranas, pero considera que se está corriendo demasiado y que el campo amateur necesita encontrar su sitio. A esa preocupación se suman los equipos que desaparecen, los alojamientos, el carburante, el material y la dificultad para encontrar personas que dediquen su tiempo de manera altruista. "No sólo cuesta encontrar relevo entre los ciclistas; también en los coches y alrededor de los equipos". En la élite también ha visto cambios: estructuras que funcionan como grandes empresas, más recursos y una tensión que acaba llegando a los corredores. Por eso pide salud, una buena evolución y la posibilidad de vivir de lo que les gusta. Lo aplica a Benja y también a Lua, que lleva un año montando en bici y afrontará su propia progresión. "Es muy metódica, le gusta hacer todo bien y se cuida. Veremos cómo evoluciona, pero con calma también". El día deja las medallas en casa, el reconocimiento del Tartiere y el Angliru todavía pendiente. Y, sobre todo, la sensación en el ambiente, como recordaban los 'paisanos', de que el nuevo astro dorado asturiano está ya listo para las grandes batallas.

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Thursday, October 15, 2026

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