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Monday, September 21, 2026

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Cycling

Erola Jons, la polémica influencer de LaVuelta, regresa contando toda la verdad: "No tenía absolutamente ni idea de nada de bicis"

La creadora de contenido enseña en el primer episodio de su serie el vértigo, el caos y el aterrizaje en una carrera que desconocía

· 1,240 words

Erola Jons no pegó ojo. Quedaban unas horas para arrancar el trabajo más exigente de su carrera y la creadora de contenido seguía despierta, con la cabeza dando vueltas y una certeza incómoda: estaba a punto de meterse en LaVuelta sin saber prácticamente nada de ciclismo. Delante tenía un mes de viaje, directos y grabaciones desde Mónaco hasta Granada. Detrás, ninguna experiencia en una de las pruebas más grandes del calendario. “Me parece muy fuerte que yo vaya a presentar LaVuelta Ciclista este año”, confiesa al comienzo del episodio. La propia Jons admite el tamaño del desafío: “Llevo unas semanas estudiándome cosas de ciclistas porque no tenía absolutamente ni idea de nada de bicis. Es toda una movida el ciclismo, parece que no, pero fuerte”. Así empieza Hemos hecho historia, el primer episodio de la serie en la que Jons enseña desde dentro su aterrizaje en la ronda española. No hay intento de disfrazar las dudas ni de presentarse como una experta llegada de repente al pelotón. La cámara se queda con otra cosa: una protagonista abrumada, con pocas horas de sueño y consciente de que acaba de entrar en un mundo que apenas controla. “Estoy nerviosa, tengo que decirlo, y un poco preocupada. He hecho muchos falsos directos, pero no he hecho un directo de verdad”, reconoce antes de ponerse delante de la cámara. El encargo tampoco era pequeño. Erola debía convertirse en una de las caras de los contenidos digitales de LaVuelta, hacer conexiones en directo, interactuar con corredores y equipos y acercar la carrera a un público que normalmente no consume ciclismo. Todo mientras aprendía sobre la marcha un deporte con normas propias, jerarquías muy marcadas y zonas a las que no se entra solo por llevar una cámara. “Yo nunca había visto LaVuelta, la verdad, y menos en persona”, admite tras las primeras pruebas. Su primer día tuvo mucho de modo supervivencia: observar, preguntar, probar y volver a empezar. “Hemos llegado ahí y, de cada tres palabras, una no la entendía del vocabulario”, explica su hermana, que la acompaña durante la aventura. El episodio funciona como la crónica de un debut. Tiene algo de viaje, de ‘reality’ y de diario personal. Conviven los preparativos de última hora, los nervios, los desplazamientos y esa sensación constante de llegar tarde a un sitio donde todo va demasiado rápido. En LaVuelta no hay segunda toma. Los corredores aparecen y desaparecen, el podio sigue su liturgia y cada minuto viene marcado desde antes. “Estoy emocionada y estoy nerviosa porque no sé lo que va a pasar ahora”, resume Erola antes del estreno. Esa incertidumbre atraviesa todo el capítulo y se convierte en uno de los principales motores del relato. La salida en Mónaco añade brillo, pero también presión. Entre bicicletas, coches de equipo, acreditaciones y profesionales curtidos en mil carreras, Erola empieza a medir de verdad el tamaño del reto. No está grabando un vídeo convencional para sus redes. Ha entrado en una maquinaria que se mueve cada día, que arrastra a cientos de trabajadores y que gira alrededor de algunos de los mejores ciclistas del mundo. Su manera de pelear contra la tensión es la misma que la ha convertido en una de las creadoras españolas con mayor alcance: humor, espontaneidad y una facilidad casi temeraria para acercarse a desconocidos. “¿Cuánto controlas de ciclismo?”, le preguntan durante la jornada. “Yo mucho, he estado estudiando estas semanas. Aunque no lo parezca, cuidado”, responde entre risas. Trasladar ese estilo al deporte profesional, sin embargo, abre situaciones imprevisibles. La naturalidad que funciona en la calle choca a veces con los límites de una competición donde los corredores acaban fundidos y los equipos protegen con celo el acceso a sus protagonistas. Erola mantiene durante el directo el tono desenfadado habitual de sus vídeos. “Tú sabes que a mí también me gustaría ganar LaVuelta, ¿no? Una vuelta contigo”, le dice a uno de los asistentes. Minutos después llega el encuentro que terminaría haciéndose viral. “Pogachitar, congratulations. ¿Por qué hiperventilas cada vez que me ves?”, pregunta al esloveno después de su victoria. El vídeo muestra esa adaptación sin maquillar el desconcierto. Erola pregunta, improvisa, se equivoca y vuelve a intentarlo. La cámara sigue encendida incluso cuando las cosas no salen como esperaba. Ahí está buena parte del interés del episodio: no vende un debut limpio ni perfecto, sino el aprendizaje acelerado de alguien obligado a encontrar su sitio en un entorno completamente nuevo. Después de la emisión llega la confesión más sincera. “Me he quedado con una sensación rara del directo de hoy. No me he terminado de sentir del todo cómoda”, reconoce ya en el hotel. Los problemas de señal limitaron sus movimientos y le impidieron acercarse a algunos de los protagonistas previstos. “En algunos momentos siento que me he quedado un poco en blanco. En plan: ‘¿Qué coño digo ahora? ¿Cómo relleno estos vacíos?’. No sabía qué decir”, explica. Tampoco podía seguir correctamente el desarrollo de la contrarreloj mientras hablaba con el público: “No me estaba enterando de quién estaba ganando. La gente de repente ha gritado y yo pensaba: ‘¿Pero quién ha ganado? No me estoy enterando de nada. ¿Qué hago?’”. También aparece la otra carrera, la que no se ve por televisión. Mientras el pelotón avanza por la carretera, los equipos de comunicación se mueven de la salida a la meta, preparan emisiones, buscan protagonistas y arreglan problemas técnicos sobre la marcha. Cada jornada exige desmontar y empezar de nuevo en otra ciudad. Mónaco es solo la primera parada de un recorrido que seguirá por Francia y Andorra antes de entrar en España y acabar semanas después en Granada. La autocrítica de Erola no se queda en los fallos técnicos. “No lo he disfrutado. No me lo he pasado bien. No he conseguido ser yo”, admite después del estreno. A la tensión del directo se sumaron las primeras críticas recibidas. “¿Por qué han contratado a esta si no tiene ni puta idea de ciclismo?”, lee entre las críticas recibidas. Su respuesta refleja tanto el motivo de su elección como el choque que estaba empezando a producirse: “Justamente me han contratado porque no sé de ciclismo, porque quieren que sea más entretenido. ¿Qué culpa tengo yo?”. El estreno de Jons no pasó de puntillas. Algunas de sus interacciones con los ciclistas desataron una fuerte polémica y abrieron un debate sobre los límites entre entretenimiento e información deportiva. La organización modificó después el protocolo: la creadora seguiría en LaVuelta, aunque tendría que contar con la autorización previa de los equipos para acercarse a los corredores. Hemos hecho historia permite contemplar el inicio de aquella tormenta desde el lado de su protagonista. Antes de las críticas, los titulares y las restricciones, hubo una joven sin dormir, una maleta para un mes y la incertidumbre de quien se enfrenta al proyecto más grande de su vida. Al día siguiente, Erola reapareció con una respuesta que anticipaba que no pensaba esconderse: “Sé que muchos estaban esperando que volviera para ver la que lío en la segunda etapa. No os preocupéis porque vamos a seguir dándole marcha. Ayer rompimos internet”. El primer episodio no ofrece una conclusión. Es el kilómetro cero. Una salida caótica y vertiginosa que anticipa viajes interminables, aprendizaje, errores, controversia y la obligación de adaptarse sin dejar de ser ella misma. Erola Jons entró en LaVuelta sin conocer el ciclismo. Cuando la carrera llegó a Granada, el ciclismo ya sabía perfectamente quién era ella.

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