Entrenando 45' con la 'cabra' del ciclismo mundial, Tadej Pogacar: "Siempre hacen lo mismo"
MARCA participa en la salida virtual del astro esloveno en MyWhoosh: casi una hora junto a una leyenda del deporte que dio mucho de sí
La noche anterior no fue precisamente la mejor preparación para intentar retar a una leyenda. Una cena copiosa con amigos, pocas ganas de madrugar y la certeza de que, al despertar, esperaba un infierno a pedales. Son las nueve de la mañana del sábado, Tadej Pogacar -la superestrella del ciclismo y del deporte mundial- aparece en la pantalla (sin ojeras, pero con algo de retraso) y un niño de dos años reclama su protagonismo por la casa: también quiere sumarse a la fiesta. La bicicleta está lista, las piernas todavía no responden y el pequeño no entiende de campeones del mundo ni de compromisos periodísticos. Hay que atenderlo, ajustar el rodillo, comprobar la conexión y empezar a dar chepazos 'a lo Mancebo'. Todo a la vez. La jornada promete. Después de años persiguiendo a Pogacar por carreteras, hoteles, salas de prensa y metas de medio mundo, llega el momento de compartir unos kilómetros con él. Eso sí, sin salir de casa y con la dignidad deportiva en serio peligro de extinción. Esta vez toca pedalear y preguntar vía chat. La cita es en MyWhoosh y la Zwift Ride espera en el salón como un potro de tortura con conexión a internet. Al otro lado de la pantalla está uno de los mayores talentos que ha conocido el ciclismo (y el deporte). A este, un periodista que todavía está digiriendo la cena y cuyo principal objetivo consiste en llegar al final sin necesitar asistencia médica ni matrimonial. Las piernas todavía no han despertado cuando la tecnología decide complicar lo que ya pintaba bastante mal. La conexión falla al principio, los ciclistas se amontonan en distintas salas virtuales y la organización intenta poner orden en una multitud que se acerca a los 10.000 participantes. "Me parece surrealista cuánta gente se ha unido. No esperaba tanta", reconoce Pogacar desde su terraza, antes de lanzar una confesión preocupante: "¡Ya estoy sudando muchísimo!". Si el mejor ciclista del planeta está sudando, uno empieza a preguntarse si ha sido buena idea levantarse de la cama. Pero ya no hay marcha atrás. El esloveno acaba de regresar a los entrenamientos tras el fiasco de LaVuelta. "Empecé hace unas dos semanas. Estos eventos me ayudan a romper la rutina y hacer algo diferente. Hoy he disfrutado mucho entrenando en los rodillos de mi terraza", explica. Su regreso sirve también para empezar a mirar hacia 2027, aunque todavía no tiene cerrado el calendario. "El equipo me ha dado tres opciones. Es una decisión importante y necesito tiempo para analizar qué quiero hacer. La decisión definitiva llegará en la concentración de diciembre", asegura. Eso sí, adelanta algunas intenciones: "Hay muchas posibilidades de que vuelva a las clásicas, también al UAE Tour y, obviamente, al Tour de Francia. No hay forma de ocultarlo". Sobre el dibujo de la Grande Boucle, al que muchos califican de 'anti-Pogacar', todavía no ha realizado un análisis exhaustivo. "Ya he disputado siete Tours. Siempre hay grandes montañas, etapas llanas, viento, contrarrelojes... No importa demasiado dónde estén las salidas y las llegadas. Siempre es la carrera más dura del mundo y tienes que estar preparado para todo", apunta 'Tadeo'. La conversación también recupera su caída en Valencia. Pogacar considera que su accidente fue una circunstancia de carrera, pero aprovecha para insistir en la necesidad de mejorar la seguridad. "Llevamos mucho tiempo preguntándonos si nuestras carreras son suficientemente seguras para las próximas generaciones y si están preparadas para las velocidades tan altas que alcanzamos". Recuerda que compite en pelotones desde los nueve años. "Cuando eres pequeño no piensas en el peligro. Solo quieres competir. Después creces y te das cuenta de los riesgos, pero para entonces ya sabes moverte dentro del grupo". Su consejo para los principiantes es aprender a superar el miedo sin olvidar que las caídas forman parte del ciclismo. También habla de Brandon McNulty y de la posibilidad de trabajar para él, todo un campeón del mundo. "Merecía esa victoria. Ha trabajado muy duro durante su carrera y también por mis objetivos. Ahora puede que las tornas se invierten y sea yo quien le ayude en algunas carreras para que el maillot arcoíris brille". Cuando le preguntan por los corredores que más admira, aparecen nombres conocidos. "Mathieu van der Poel, Remco Evenepoel y Jonas Vingegaard. Admiro lo decididos que están a conseguir grandes cosas y cómo siempre cumplen". También destaca el valor de los esprinters que arriesgan en las llegadas. Si pudiera competir contra ciclistas de otra generación, elegiría a Contador, Cancellara y Tom Boonen. La charla va dejando confidencias. Pogacar reconoce que disfruta entrenando por Mónaco, donde el clima permite acumular kilómetros incluso en invierno, y en Eslovenia, especialmente en las carreteras cercanas a Maribor. También guarda buenos recuerdos de nuestro país con Tenerife. Pero cuando se trata de preparar el Tour tiene una elección clara: "Siempre vamos a Sierra Nevada. Puede ser un poco aburrido, pero creo que es el mejor lugar para preparar el Tour de Francia". Su desayuno tampoco esconde grandes misterios. "Me encanta la piña, el kiwi, los arándanos y el mango. Después tomo gachas de avena con yogur. Es sencillo y saciante". Come prácticamente lo mismo antes de una salida corta que de una larga. Lo dice antes de confesar su pecado más placentero: "No soy muy madrugador. Me gusta dormir hasta las ocho y media o las nueve. Hoy he tenido que desayunar más rápido porque tenía que estar en la bicicleta a las ocho y media". También explica cómo prepara mentalmente las carreras. "Muchas veces, antes de dormir, visualizo lo que puede pasar al día siguiente. Nunca pienso en las cosas negativas. Siempre imagino resultados positivos y sueño con ganar". No sigue una técnica estructurada: "Es algo que hago de manera natural, casi inconscientemente". Su consejo para quienes empiezan va más allá del deporte: "Si te diviertes con lo que haces, siempre obtendrás algo positivo. Si no disfrutas, todo empieza a venirse abajo. Hay que marcarse objetivos, trabajar duro, tener paciencia y no rendirse nunca". Pogacar tampoco descarta probar nuevas modalidades. "Estuve como espectador en el primer Mundial de gravel y disfruté mucho. No tengo tiempo para preparar esas carreras, pero estoy seguro de que en el futuro participaré en alguna. No sé cuándo ni dónde". Muy diferente es su respuesta sobre los esports. "Por ahora, no. Es demasiado duro mentalmente. Respeto muchísimo a quienes entrenan tanto en casa. Yo sudo demasiado; ya tengo un charco debajo y estamos rodando tranquilos", bromea. Aunque sigue las competiciones y considera que son más seguras que las carreras en carretera, descarta participar por el momento. Eso sí, defiende el entrenamiento bajo techo. "En mi opinión, necesitas menos tiempo para conseguir la misma forma que fuera. Pero hay que tener cuidado porque puedes exigirte tanto que acabes destrozando tu cuerpo". Recuerda que durante la pandemia su entrenador llegó a pedirle que descansara porque había alcanzado un nivel físico extraordinario gracias al rodillo. La sesión también tiene una vertiente solidaria. La participación de casi 10.000 ciclistas supone una donación de 10.000 dólares para la Tadej Pogacar Foundation, que ayuda a niños con dificultades y a jóvenes que reciben tratamientos contra el cáncer. "Estoy abrumado. Llevamos dos años trabajando muchísimo y esto significa mucho. Cuanta más gente conozca la fundación, a más personas podremos ayudar", agradece. Entre preguntas, Pogacar se despide de Urska, que sale a correr, bromea con la cantidad de mensajes del chat y se sorprende cuando descubre que algún participante asegura haber dejado el trabajo y a su familia para acudir a la cita: "¡Dios mío! No hagáis eso. Es solo un paseo en bicicleta para divertirnos". Mientras tanto, los kilómetros van cayendo. Unos con más dignidad que otros. El modesto y rechoncho plumilla consigue completar 16,3 kilómetros en 45 minutos y 20 segundos, con 88 vatios de potencia media y 155 pulsaciones por minuto. Un rendimiento que difícilmente despertará el interés del UAE, salvo que necesiten a alguien para repartir el avituallamiento. Los números quedan registrados. Por fortuna, ningún director deportivo va a detenerse demasiado en ellos. "Estoy deseando que llegue la próxima. Es más divertido responder preguntas de la comunidad que las de los periodistas. Sin ánimo de ofender a los que estén aquí", remata. 'Poggy' se marcha a completar otras tres horas de entrenamiento. Tres. El periodista, mientras tanto, busca una silla y comprende que la gloria es pasajera, pero el dolor permanente. En casa, el pequeño sigue intentando conquistar la bicicleta mientras mamá ejerce de directora deportiva, mecánica y servicio de emergencias. La vida sigue. El Logroñés tampoco ganará hoy. En julio volverán las preguntas, las ruedas de prensa y los atracos por el país vecino. Quizá alguna vuelva a parecerle poco ingeniosa. Pero, al menos, esta vez podrá decirse que el periodista, antes siquiera de tener ocasión de aburrirle, tuvo la decencia de sudar la camiseta.
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