Van Aert gana la batalla del fuego: la 'avispa' triunfa en una jornada recortada por el calor
El calor recorta LaVuelta y el belga engrandece la etapa: este lunes llega la segunda jornada de descanso
El calor ganó la primera batalla antes de que alguien diera una pedalada. La etapa debía medir casi 190 kilómetros y terminó encogida hasta los 110,2, amputada por unas temperaturas capaces de convertir Andalucía en una plancha. Pero el fuego no apagó la carrera. La hizo más nerviosa, más corta, más violenta. Y cuando Córdoba apareció al fondo, Wout van Aert encontró en ese caos el territorio que mejor conoce: el de los días en los que hay que tener piernas, instinto y sangre fría. LaVuelta había activado el protocolo por calor extremo y retrasado su rutina para evitar una exposición todavía mayor al sol. En carrera, sin embargo, no hubo tregua. Desde los primeros kilómetros se sucedieron los ataques, como si todos entendieran que una etapa recortada no significaba una etapa sencilla. Al contrario. Los 40 grados acompañaron al pelotón y cada sombra junto a la carretera parecía un lujo. Once corredores abrieron la primera fuga seria. Allí estaban Azparren, Hayter, Leknessund, Oliveira o Leemreize, entre otros. Visma y Cofidis no les concedieron demasiada cuerda. El Puerto de la Forestal, de tercera categoría, sirvió para desgastar y ordenar una jornada que nunca llegó a asentarse. Leemreize coronó primero, pero detrás el grupo seguía respirando sobre la nuca de los aventureros. La carrera entró después en ese terreno incómodo donde nada termina de ser llano y cualquier repecho invita a probar. Roglic tuvo que cambiar de bicicleta, Carapaz también sufrió un contratiempo mecánico y el pelotón avanzó entre ataques, descensos y bidones. Enric Mas, vestido de rojo por séptimo día consecutivo y con 2:06 sobre Felix Gall y 2:10 sobre Roglic al comienzo de la etapa, atravesó la jornada pendiente de sobrevivir al calor y proteger un liderato que cada día pesa un poco más. Todo terminó de romperse en Artafi. Azparren y Weiss se adelantaron, Leknessund llegó desde atrás y el noruego, ganador ya en Valdelinares, volvió a enseñar su potencia. Se marchó solo, coronó primero y obligó al resto a perseguir. Ramses Debruyne alcanzó después su rueda. La escapada inicial había desaparecido. Quedaba otra carrera. Y entonces apareció Van Aert. El belga no esperó a Córdoba ni a un sprint convencional. Saltó para disputar el paso intermedio de Santa María de Trassierra y decidió seguir. A su rueda se formó un quinteto peligroso con Thibau Nys, Andreas Leknessund, Alessandro Romele y Debruyne. Visma levantó el pie en el pelotón. La victoria acababa de mudarse unos metros más adelante. A veinte kilómetros del final, los cinco ya tenían el horizonte despejado. Por detrás se organizaban persecuciones, pero el grupo principal dejó de cazar. El maillot verde estaba delante y eso convertía cualquier persecución de Visma en un absurdo. Córdoba esperaba mientras la temperatura seguía por encima de los 40 grados y la fuga entraba en el largo descenso hacia la ciudad. Los últimos kilómetros fueron una partida de cartas jugada a golpes de pedal. Nys atacó primero a 3,5 de meta. Debruyne reaccionó. Romele dudó. Van Aert vigiló. Después probó Leknessund a 2,5 kilómetros y el belga salió personalmente a cerrarle la puerta. Nadie quería llevar a Wout hasta la recta final, pero nadie conseguía quitárselo de encima. En el último kilómetro llegaron los faroles. Cinco hombres, cinco planes y una certeza: Van Aert era el nombre que todos miraban. Nys lanzó desde lejos, buscando sorprender antes de que la potencia del maillot verde pudiera expresarse. Durante unos segundos pareció encontrar el hueco. No fue un sprint limpio, sino una persecución furiosa. Van Aert recortó metros, devoró la ventaja y terminó pasando a su compatriota para levantar los brazos en Córdoba. Segundo triunfo en esta LaVuelta después del conseguido en Loja, otra victoria para un Visma que está convirtiendo las etapas en patrimonio propio. Mas, mientras tanto, llegó a Córdoba sin sobresaltos, guardando fuerzas para la tercera semana. En una jornada diseñada primero contra el calor y después contra los nervios, al líder le bastó con no equivocarse. El día había comenzado bajo la dictadura del termómetro y terminó bajo la ley de Van Aert. La etapa fue más corta, sí. Pero no más pequeña. El calor le quitó kilómetros y Wout le puso una historia.
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