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Monday, September 7, 2026

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Cycling

Enric honra más La Roja

'Al otro lado del espejo', una opinión de Alfredo Relaño

· 603 words

A Enric Mas le cayó encima en condiciones indeseadas el ‘maillot rojo’, la prenda del líder de La Vuelta que mudó de color para homenajear a la Selección cuando ganó Sudáfrica 2010. Se había caído Pogacar, que come en la mesa de Merckx y Coppi, y la Vuelta pareció desplomarse. Todos nos quedamos aturdidos y él no quiso lucirla en el podio, prefirió mostrarla tímidamente como diciendo “ya sé que esto no es mío”. El día siguiente, claro, se lo puso. Y para legitimarse, ganó la etapa en Aitana, consolidando su posición frente la nube de aspirantes que le acechaban en la clasificación. Le acechaban y le acechan, pero cada vez un poco menos, porque les ha ido distanciando con nuevas ventajas. Sobre todo a Roglic, que si cuando se produjo aquello estaba a 1:45, ahora está a 2:10 tras los sucesivos pellizcos de Mas en procura de una distancia de protección suficiente ante la contarreloj del próximo jueves, especialidad en la que destaca Roglic. Ahora es más amenaza, Gall, a 2:06, un duro enemigo ante las etapas de montaña del viernes y sábado próximos antes de rendir viaje el domingo en Granada. Queda Vuelta. Enric Mas está siendo un gran líder y en cierto modo una sorpresa. En su última Vuelta, Contador le apuntó como sucesor desde la cima del Angliru, pero se nos estaba quedando como a medio camino, en un sí es no es. Un apunte nada más, no un campeón sólido. Incluso pasó una crisis de miedo a los descensos de la que tuvo que tratarse. Pero aquí ha dado el paso al frente, ha sacado el ciclista que llevaba dentro y en torno a él se ha organizado el Movistar, manejando la carrera con esfuerzo y sabiduría. Este Movistar es heredero del ya remoto Reynolds, de cuya estructura aún subsiste Eusebio Unzué, en lo alto de la pirámide. Aquel fue un equipo especializado en tener al mejor español para las grandes vueltas, véase Perico e Indurain, hasta que perdió esa orientación en alguna curva de su ya muy larga historia, que registra varios cambios de nombre: Banesto, Illes Balears, Caisse d’Epargne y por fin Movistar. Ahora esa fila de azules trabajando para el portador de La Roja, bien marcando el ritmo, bien adelantándose para esperarle en los tramos finales, recuerda aquellos buenos viejos tiempos. Y ha sido posible porque este ciclista mallorquín que parecía camino de retirarse como eterna promesa ha permitido que a falta de Pagoacar la Vuelta recuperara el más clásico y familiar de sus argumentos: el español perseguido por una cohorte de extranjeros. Tras alguna aparición en minutos residuales, Rodri salió en el once del Barça y pareció que llevaba toda la vida ahí. Fue el eje gravitatorio en torno al cual giraba el juego. Todos le buscaban, a todos les buscaba, pasaba con seguridad en corto o en largo. La excelente tropilla de jugadores tan buenos como afanosos del Barça se movió a las mil maravillas alrededor de él. Estuvo a punto de marcar en un cabezazo que se fue al larguero. Rodri ha entrado en el Barça como mano en guante. El Dépor ha hecho un gran mercado, que empezó por retener a Yeremay contra muchas ofertas y continuó por una larga serie de adquisiciones cuyo monto alcanzó los 25 millones. Todos están gustando, pero lo de Aubameyang es excepcional. Con 37 años y tanta mili en el petate, ha llegado en plenitud de forma y rapidez. En La Cerámica dio dos goles y marcó el tercero. Un jugador así llena de optimismo a un equipo y a una afición. Un gran fichaje.

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