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Thursday, September 3, 2026

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Cycling

De 'señalado' a favorito: así ha sido la metamorfosis de Enric Mas, el corredor al que "España vuelve a querer"

Llegó a Movistar señalado como el heredero de una generación irrepetible, acumuló podios que nunca parecían suficientes y atravesó años de caídas, problemas físicos y críticas: sus cercanos lo analizan en MARCA

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Hubo un tiempo en el que ser segundo en LaVuelta con 23 años parecía el comienzo de todo. Enric Mas era joven, escalador, español y acababa de subir al podio de una gran vuelta cuando todavía estaba descubriendo hasta dónde podían llevarle sus piernas. Aquel resultado de 2018 no se interpretó únicamente como un éxito. Fue el señalamiento de un heredero. España venía de acostumbrarse durante demasiados años a Contador, Valverde, Purito Rodríguez, Samuel Sánchez, Carlos Sastre u Óscar Pereiro y necesitaba encontrar al siguiente. Mas apareció en el momento preciso y cargó, quizá demasiado pronto, con ese papel. Las palabras de Alberto señalándole como su heredero avivaron el proceso. Dejó Quick-Step y fichó por Movistar para convertirse en el hombre sobre el que debía construirse el futuro del equipo en las grandes vueltas. Todo encajaba. Uno de los mejores jóvenes del mundo aterrizaba en la gran estructura española para ocupar el espacio que iba dejando una generación irrepetible. Lo que entonces parecía una oportunidad terminó teniendo también una cara menos amable: desde ese momento, casi todo lo que hiciera Enric sería comparado con lo que se esperaba de él. Y Mas nunca dejó de estar cerca. Fue segundo en LaVuelta tres veces, añadió otro tercer puesto y terminó dos veces entre los seis mejores del Tour de Francia. Construyó un palmarés de enorme regularidad en las carreras de tres semanas, pero sus puestos de honor comenzaron extrañamente a convertirse en argumentos contra él. Ser segundo ya no servía porque la pregunta era por qué no había ganado. Acabar entre los mejores del Tour tampoco bastaba. Si atacaba tarde, se le reprochaba esperar demasiado. Si no atacaba, se le acusaba de conservador. Y cuando atacaba y miraba hacia atrás, aquel gesto terminó convirtiéndose casi en una caricatura de su forma de competir. El contador de victorias tampoco ayudaba. Pasaron las temporadas y Mas seguía presente en las generales, pero cada vez le costaba más levantar los brazos. Llegó a encadenar casi cuatro años sin ganar. En un ciclismo donde la victoria parece devorarlo todo, sus podios perdieron valor en la conversación pública. Juan Mari Guajardo, speaker histórico de LaVuelta y alguien que le conoce desde categorías inferiores, lo resume así: “Enric Mas ha sido el ciclista más criticado y muchas veces, yo creo que ampliamente, injustamente”. Para Guajardo, sus cuatro podios en LaVuelta deberían haberle otorgado otra consideración: “Un ciclista español con cuatro tendría que ser reconocido especialmente”. Los últimos años complicaron todavía más la historia. Hubo caídas, abandonos, malos resultados y problemas físicos. Una tromboflebitis surgida después de un golpe durante el Tour terminó conduciéndole al quirófano y obligándole a pasar meses apartado de la competición. Antes ya había sufrido otras caídas importantes y durante un periodo tuvo que trabajar también el miedo que había desarrollado en los descensos. Entrenamiento específico, ayuda psicológica, paciencia y muchos kilómetros para recuperar algo que no aparece en ninguna estadística: la seguridad. Mientras todo aquello ocurría, también cambiaba el hombre fuera de la bicicleta. Mas fue padre dos veces. Sus hijos, hoy de casi tres años y un año, modificaron inevitablemente las proporciones de su mundo. El ciclismo siguió siendo su profesión y las grandes vueltas su gran ambición, pero dejó de ser lo único. Su discurso comenzó a llenarse de palabras que antes aparecían menos: tranquilidad, familia, disfrutar, relativizar. Quienes le rodean creen que ahí hay una parte fundamental de la transformación. Carlos Canal, compañero suyo en Movistar, percibe una madurez evidente. “Ha mejorado muchísimo como líder, se le nota una madurez muy, muy grande”. Y conecta directamente esa evolución con todo lo sufrido recientemente: “Creo que también todas las adversidades que ha pasado estos dos últimos años le han hecho crecer y le han hecho tomarse las cosas con mucha más calma, con mucha más tranquilidad”. Canal describe ahora a un Mas diferente no necesariamente por sus piernas, sino por la manera de gestionar lo que ocurre alrededor. “Está siendo un líder de 10. Es un Enric que está confiando muchísimo en sí mismo, que cree en sus posibilidades, pero sobre todo que va día a día”. Algo parecido percibe Chente García Acosta, que lleva años observándolo desde dentro. El talento nunca estuvo en cuestión. La batalla era conseguir que el propio corredor terminara de creer en todo aquello que quienes trabajaban con él llevaban mucho tiempo viendo. La paradoja es que el propio Mas rechaza construir una historia demasiado grandilocuente sobre su regreso. Cuando MARCA le pregunta por el camino recorrido, evita presentarse como alguien que hubiera salido de un abismo. “Han sido momentos difíciles, pero no han sido los peores momentos de mi vida profesional. Está claro que he pasado por baches, pero hay cosas mucho más duras que una caída fuerte o determinados problemas físicos”. Lo que sí admite es el alivio: “Nos ha costado salir de ahí y coger la forma, pero hoy estamos contentos de estar aquí, con la forma que tenemos y de volver a sonreír en LaVuelta”. Ni siquiera acepta que exista un nuevo Enric. “No ha cambiado nada. Simplemente he seguido haciendo lo que más hacía: entrenar bien, cuidarme, intentar hacer todo perfecto y disfrutar del proceso”. Y cuando le plantean si alguna actuación concreta le hizo cambiar mentalmente, vuelve al mismo lugar: “Claro que da confianza, pero no cambia nada. El Enric es el mismo de siempre”. Óscar Pereiro no está tan de acuerdo. “Yo no reconozco a este corredor que estoy viendo en esta Vuelta a España”, asegura el ganador del Tour de 2006. “Físicamente es el mismo, pero la manera de actuar en carrera y de ejecutar no tiene absolutamente nada que ver”. Pereiro pone el acento en la decisión. Mas ya no espera necesariamente a descubrir qué harán los demás. Decide él. Elige el momento, ataca y obliga al resto a reaccionar. El primer gran símbolo llegó en Castellón. En una jornada durísima, con sterrato y Pogacar convertido de nuevo en la referencia de la carrera, Mas atacó, insistió y alcanzó al esloveno. No pudo batirle al sprint, pero durante unos kilómetros consiguió humanizar al gran dominador. “Estoy contento porque llevaba casi dos años sin hacer nada”, soltó después, una frase exagerada pero reveladora de la liberación que sentía. Hasta Pogacar torció el gesto. “Enric me sorprendió en la cima. Iba como un cohete y no lo esperaba”, reconoció. “De repente él me pasó. Me sorprendió. Estoy feliz por él. Chapeau por él”. El mejor ciclista del mundo había tenido que hablar de Mas porque Mas había conseguido obligarle a reaccionar. José Joaquín Rojas lo vivió casi como una reivindicación. “Esta etapa ha sido el premio merecido para un gran profesional, un supercurrante. Si al final vas con el martillo pilón, picando, picando... tienes lo que mereces”. Rojas apuntó también hacia lo sucedido durante los años anteriores: “La prensa se ha cebado con él porque durante dos años no ha rendido por las caídas y la operación sufrida”. Juan Carlos Escámez aporta otra explicación desde dentro. Mas no ha empezado ahora a cuidarse ni a sacrificarse. Ya lo hacía cuando los resultados no aparecían. “Tiene sobre todo un sacrificio enorme. Es muy profesional. Hay que cuidarse mucho, entrenar mucho y cuidar todos los detalles al máximo, pero no siempre los resultados salen”. Ahora sí están saliendo. “Por fin ha encontrado ese golpe de pedal que merece después de tantos sacrificios”. Después llegó el accidente de Pogacar y LaVuelta cambió por completo. La caída sacó de carrera al hombre que dominaba la general y entregó a Mas un maillot rojo que llevaba años persiguiendo sin haber podido vestir. El liderato llegó por una desgracia ajena, algo que nadie en Movistar pretende esconder, pero Pereiro rechaza reducir la situación a una cuestión de fortuna. “No es que se haya aprovechado de que el mejor corredor se haya ido a casa y se haya puesto rojo. Ha confirmado lo que estábamos viendo esa primera semana de carrera”. Hasta el abandono de Pogacar, recuerda, Mas era precisamente quien más cerca estaba del esloveno. Escámez comparte la lectura. “Enric ha estado peleando y luchando etapa tras etapa para intentar estar bien posicionado en la general”. Las circunstancias cambiaron el maillot, pero no todo lo hecho anteriormente. La consigna dentro de Movistar fue sencilla: “Hay que estar tranquilos e ir día a día”. Y entonces llegó Aitana. Mas no se conformó con defender La Roja. Ganó vestido con ella. Hacía ocho años que no conquistaba una etapa de una gran vuelta y cuatro desde su última victoria. Cruzó la meta y gritó. No fue el gesto contenido que durante tanto tiempo se había asociado con él, sino una explosión. Después explicó que el grito pertenecía también a los “pingüinos”, como llaman en Movistar a los jóvenes desde que Chente les bautizó así en una concentración. “Como ganamos poco, cuando ganamos tenemos que celebrarlo mucho”, bromeó Mas. “En mi caso han pasado ocho años desde que gané en una gran vuelta y cuatro años desde mi última victoria. Así que fue un grito de rabia y de alegría”. Aquel grito parecía pertenecer un poco a todos los que habían esperado esta versión de Enric. Eusebio Unzué entiende bien la dimensión del momento. Movistar lleva décadas construyendo su identidad alrededor de las clasificaciones generales. “Desde los 80 siempre hemos estado metidos en las generales. Forma parte de nuestra cultura y siempre lo hemos intentado. Queremos continuar en esta línea con Enric”, explicó en Radio MARCA. Unzué mira también hacia el calendario para buscar parte de la explicación. Durante varias temporadas, Mas encadenó Tour y Vuelta. En Francia nunca terminó de encontrar la recompensa esperada y para 2026 el equipo decidió apostar por Giro y LaVuelta. “No sabemos qué parte de culpa tiene el calendario. Nunca ha encontrado recompensa en Francia y se le hacía hasta incómodo, por eso pensamos en cambiarlo”. El Giro salió mal, pero quizá dejó algo: “Allí en el Giro no fue bien, pero ha sentado las bases para terminar aquí”. Si entonces el cuerpo todavía no estaba preparado para ofrecer todo su nivel, “ahora ya, en LaVuelta, es un notable alto o sobresaliente”. El cambio se percibe especialmente entre sus compañeros. Ya no corren para mantener a un aspirante cerca del podio. Corren para defender al líder de LaVuelta. Pablo Castrillo lo resume sin rodeos: “Estamos viviendo un sueño”. Llegar al día de descanso con La Roja dentro del equipo “es algo increíble, que nos motiva a todos”. El aragonés está llamado a asumir responsabilidad cuando llegue la montaña y no lo vive como una carga. “Me encuentro bastante bien y la verdad que motivado de aprender de este rol. Es un honor trabajar junto a Enric y tengo ganas de seguir ayudándole”. Castrillo tampoco esconde que aquello que durante años fue un sueño lejano está ahora al alcance. “Aún queda mucho. Hay que ir día a día, pero tenemos posibilidades de conseguirlo”. Canal transmite la misma implicación colectiva. “Tenemos un compromiso al cien por cien con Enric y con el equipo. Creo que estamos demostrando que estamos muy bien y que todo el equipo está al cien por cien con él”. Admite que quizá falta “un superescalador para el último momento”, pero considera que Movistar sí puede cumplir una misión esencial: “Llevar la carrera controlada y a Enric arropado durante todo el día”. Y cuando llegue el cuerpo a cuerpo, Canal confía plenamente en su líder. “No veo yo a Enric que pueda tener problemas de un tú a tú”. Movistar ya no protege a Mas de las expectativas. Ahora verbaliza que puede ganar a sus rivales. El gallego ha dejado a un lado incluso sus ambiciones personales. Como él, todos. “Ahora mismo estamos todos centrados al cien por cien en Enric. Aquí apartamos las individualidades, vamos a tope con él y creo que el objetivo que tenemos es el más grande que puede haber”. Chente García Acosta completa esa fotografía desde el coche. Para él, el rojo es “fruto de su trabajo”, el premio a “un gran profesional” alrededor del cual llevan años trabajando. Tampoco esconde una posible debilidad: “Está claro que nos falta uno para la montaña”. Los jóvenes tienen ganas e ilusión, aunque nunca se habían encontrado defendiendo una situación así. Por eso no quieren adelantarse. “Lo más importante es que Enric esté bien. Y luego ir día a día. No nos podemos poner metas de más de 48 horas”. ¿Qué se le dice al líder? “Darle tranquilidad. Él es suficientemente profesional para saber cómo está en cada situación, en cada momento. Ya tiene mucha experiencia”. Pereiro también señala el bloque como principal interrogante. Si existe una debilidad puede aparecer cuando otros equipos endurezcan la carrera y Mas quede aislado. Pero introduce una variante: “Cuando un equipo se tiene que poner el mono de trabajo, normalmente tienes una motivación que suele hacerte rendir un poco más”. Y en el coche existe experiencia para manejar esa tensión. “Está Eusebio, que tácticamente, a nivel de sangre fría, es de lo mejor que puede haber”, recuerda Pereiro. Porque Mas es favorito, pero LaVuelta no está ganada. Ni él quiere actuar como si lo estuviera. Cuando se le pregunta por el rival más peligroso, señala directamente a Primoz Roglic. “Con la historia que tiene Roglic en LaVuelta, es el que más me preocupa personalmente de cara a Granada”. Unzué amplía la lista: “Estoy de acuerdo con Enric, pero no nos olvidemos de Onley, que ya fue cuarto en el Tour, o Gall, al que se ve a un gran nivel”. Mas conoce la oportunidad que tiene delante, aunque intenta no convivir con ella las veinticuatro horas. Ahí puede apreciarse otra diferencia respecto al corredor atrapado durante años por las expectativas. “Si estoy todo el día pensando en que puedo ganar LaVuelta, al final es un estrés acumulado que no quiero tener en este momento. Ahora simplemente disfruto del momento, disfruto de llevar el rojo, disfruto del equipo”. Canal confirma desde dentro que no hay impostura. “Está súper tranquilo”. Le ve confiado y disfrutando otra vez de competir. “Creo que lo tiene que disfrutar, lo está disfrutando, está disfrutando de competir, que es lo más importante, y así están saliendo los resultados”. Pereiro sabe, sin embargo, que resulta imposible no pensar alguna vez en Granada. “Está ante la oportunidad de su vida de ganar una gran vuelta y eso evidentemente mete presión”. Serán dos semanas conviviendo con algo que Mas siempre persiguió y que nunca había tenido tan cerca. Y mientras él intenta protegerse de ese futuro, a su alrededor sucede algo que quizá hace sólo unos años parecía todavía más improbable que verle vestido de rojo. La gente vuelve a quererle. “Creo que en esta Vuelta a España está haciendo algo que parecía inviable, que es meterse en el bolsillo a la afición”, dice Pereiro. Durante demasiado tiempo Mas fue identificado como aquel corredor conservador que esperaba, atacaba y miraba inmediatamente hacia atrás. “Creo que le ha dado la vuelta a la tortilla desde aquel famoso día del Bartolo”, añade. “Veo que él está disfrutando con lo que está haciendo”. Guajardo lo comprueba cada mañana en el control de firmas y cada tarde en las metas. Él es quien pronuncia su nombre por megafonía y escucha la respuesta. Conoce a Mas prácticamente desde niño y siente especialmente ese cambio. “Nos está ilusionando de manera bárbara también a los espectadores”. Cuando presenta al mallorquín y la carretera responde gritando su nombre, reconoce, “se me pone la piel de gallina”. Enric también lo escucha. Durante años oyó comentarios sobre aquello que no hacía. Ahora escucha “¡Enric! ¡Enric! ¡Enric!” mientras atraviesa los pasillos humanos de LaVuelta. Él mismo reconoce que se le pone la piel de gallina cuando oye tantas veces su nombre. Quizá ahí se encuentre una victoria que no figura en la general. Porque deportivamente Mas siempre estuvo mucho más cerca de la élite de lo que transmitía el debate que le rodeaba. Cuatro podios en LaVuelta no aparecen por casualidad. Tampoco dos Top-6 en el Tour. Lo novedoso es que ahora esas piernas van acompañadas de otra manera de utilizarlas y de una relación distinta con todo lo que sucede alrededor. Por eso hay una frase que resume al Enric Mas de 2026 mejor que cualquier posición. “Para mí, el favorito soy yo. Si no confío yo en mí mismo…”. Ese “yo” quizá sea la verdadera noticia. No significa arrogancia. Sigue siendo el mismo corredor que inmediatamente después advierte que pensar continuamente en ganar le desgastaría. El que todavía evita imaginar Granada. El que insiste en tener los pies en el suelo. Pero ahora es capaz de reconocerse como candidato sin protegerse detrás del nombre de otro. A los 31 años, Mas vuelve a encontrarse ante aquello que parecía escrito para él cuando tenía 23. Una gran vuelta. Un maillot de líder. Un equipo a su alrededor. España pendiente. La diferencia es todo lo ocurrido entre medias. Llegó como heredero antes de haber tenido tiempo de ser simplemente Enric. Fue podio y le pidieron ganar. Fue regular y se le llamó conservador. Estuvo entre los mejores y pareció que siempre faltaba algo. Después dejó de ganar, cayó, enfermó, pasó por el quirófano, sufrió meses difíciles y entendió que había una vida mucho más grande fuera del ciclismo. Hasta muchos de quienes más le criticaron parecen estar ahora de su lado. Tal vez ésa sea la última metamorfosis de Enric Mas. Él insiste en que sigue siendo el mismo. Quizá tenga razón. Lo que ha cambiado son sus piernas, la manera de utilizarlas, su forma de convivir con la presión y, sobre todo, la mirada de quienes le observan. Le queda lo más difícil: llegar de rojo a Granada. Pero por primera vez en mucho tiempo, cuando mira hacia atrás, ya no parece hacerlo para comprobar qué piensan los demás. Ahora son los demás quienes miran a Enric Mas.

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