La enorme brecha de premios entre hombres y mujeres en el Tour: el ciclismo virtual enseña otro camino
El ganador del Tour masculino recibe 500.000 euros frente a los 50.000 de la campeona femenina, mientras plataformas como MyWhoosh han apostado por repartir exactamente los mismos premios entre hombres y mujeres
Mismo deporte, mismo maillot amarillo y una recompensa económica radicalmente diferente. La distancia entre el ciclismo masculino y femenino continúa siendo considerable cuando se observa la bolsa de premios de las principales carreras del calendario y el Tour de Francia ofrece probablemente el ejemplo más gráfico. El vencedor de la clasificación general masculina recibe 500.000 euros, mientras que la ganadora del Tour de France Femmes se lleva 50.000. Una diferencia de diez a uno que vuelve a poner sobre la mesa uno de los grandes debates alrededor del crecimiento del deporte femenino y que adquiere todavía más relevancia cuando se compara con lo que sucede en el ciclismo virtual, donde algunas competiciones han decidido establecer desde su nacimiento exactamente las mismas recompensas económicas para hombres y mujeres. La comparación entre ambas versiones del Tour exige, eso sí, introducir contexto. La carrera masculina consta de 21 etapas y 3.320,7 kilómetros, mientras que la femenina se disputa durante nueve jornadas y sobre 1.174,5 kilómetros. Ni la duración, ni la estructura ni los costes de ambas pruebas son idénticos, por lo que comparar exclusivamente sus bolsas globales de premios puede resultar simplista. Aun así, las cifras son lo suficientemente contundentes como para mostrar que existe una distancia importante. El Tour masculino distribuye alrededor de 2,3 millones de euros en premios frente a los 250.000 euros de la carrera femenina, aproximadamente nueve veces menos. La diferencia se reproduce prácticamente en todas las clasificaciones. Una victoria de etapa masculina está premiada con 11.000 euros frente a los 4.000 que recibe una ganadora en el Tour femenino. El vencedor del maillot verde masculino obtiene 25.000 euros, mientras que la ganadora de la clasificación por puntos femenina recibe 3.000. La misma proporción aparece en el premio de la montaña. El mejor joven se lleva 20.000 euros en el Tour masculino y 3.000 en el femenino; la mejor formación pasa de 50.000 a 6.000 euros y el premio final a la combatividad, de 20.000 a 2.000. Pero la fotografía más evidente sigue estando en lo más alto del podio: 500.000 euros para el campeón masculino y 50.000 para la campeona femenina. Mientras la carretera intenta reducir progresivamente estas diferencias, el crecimiento del ciclismo virtual ha creado un escenario económico distinto. MyWhoosh, una de las plataformas que más fuerte ha apostado por la competición de e-racing, decidió establecer desde el comienzo un modelo basado en la igualdad de premios. Sus MyWhoosh Championships 2026, una prueba virtual por etapas de siete días, pusieron en juego una bolsa total de un millón de dólares, dividida a partes iguales entre las categorías masculina y femenina. El principio es sencillo: el vencedor y la vencedora reciben exactamente el mismo premio. Matt Smithson, Director de E-Sports y Operaciones de Juegos en MyWhoosh, explica que esa igualdad no apareció como una corrección posterior, sino como uno de los pilares sobre los que se construyó la competición. “El dinero igualitario de premios se incorporó en MyWhoosh desde el principio. Cuando creas una plataforma desde cero, decides qué representa y nunca fue cuestión para nosotros que el campo femenino competiría por un dinero diferente al masculino. Nunca hemos tenido que corregir un desequilibrio histórico, porque nunca creamos uno”, asegura. La igualdad tampoco se limita a su gran campeonato. El Sunday Race Club, otra de las principales competiciones organizadas en la plataforma, reparte aproximadamente 300.000 dólares mensuales en premios manteniendo el mismo criterio para hombres y mujeres. Es una estructura que está permitiendo a algunas corredoras alcanzar cifras difíciles de imaginar actualmente únicamente mediante los premios obtenidos en las grandes carreras femeninas de carretera. Kate McCarthy, campeona mundial de e-sports de la UCI en 2024 y 2025, destaca precisamente el valor que tiene para las corredoras competir en un entorno donde las oportunidades económicas son idénticas. “Creo que lo que MyWhoosh está haciendo es brillante, y me siento increíblemente afortunada de competir en un ámbito del ciclismo donde a las mujeres se les dan las mismas oportunidades y se les recompensa por igual por sus actuaciones. Eso hace que sintamos que lo que hacemos es realmente valorado”, explica. McCarthy se ha convertido además en una de las grandes protagonistas del circuito virtual y ha llegado a acumular alrededor de 148.000 dólares en premios, una cantidad que permite entender rápidamente la dimensión económica que está alcanzando este nuevo escenario competitivo. La comparación con el Tour resulta especialmente llamativa. Esos aproximadamente 148.000 dólares superan ampliamente los 50.000 euros reservados para la vencedora de la clasificación general del Tour de France Femmes. No significa que ambas realidades sean directamente comparables, pero sí ayuda a explicar por qué el ciclismo virtual empieza a convertirse en una alternativa económica atractiva incluso para corredoras acostumbradas a competir en el máximo nivel de la carretera. “Los resultados hablan por sí solos”, añade Smithson. “Las ciclistas del campo femenino ahora ganan sumas con carreras virtuales que son muy difíciles de alcanzar solo con premios en carretera y eso cambia lo que es posible para ellas como profesionales”. Uno de los ejemplos más significativos es Ashleigh Moolman Pasio. La sudafricana posee una extensa trayectoria en el ciclismo profesional y fue además la primera campeona del mundo de Esports de la UCI, en 2020. El pasado 26 de julio volvió a competir en las finales femeninas del Sunday Race Club y terminó cuarta en la categoría élite, por detrás de McCarthy. Su cuarta posición estuvo acompañada por un premio de 820 dólares. Que una ciclista de su experiencia siga encontrando incentivos deportivos y económicos para competir virtualmente demuestra hasta qué punto las fronteras entre ambos mundos comienzan a difuminarse. El ciclismo virtual hace tiempo que dejó de ser únicamente una herramienta de entrenamiento. Alrededor de estas plataformas se está desarrollando un ecosistema competitivo propio, con corredores especializados, premios importantes y también ciclistas profesionales de carretera que encuentran en estas pruebas una oportunidad adicional. Y la igualdad económica aparece como uno de sus principales elementos diferenciadores. McCarthy considera que ese modelo puede servir además para atraer a más mujeres hacia esta modalidad. “Realmente creo que MyWhoosh está liderando el camino para las mujeres en el ciclismo creando estas oportunidades y mostrando cómo puede ser la igualdad en el deporte. Espero que anime a más mujeres a involucrarse en el ciclismo, y especialmente en los esports, porque existen oportunidades genuinas para que las mujeres compitan, tengan éxito y sean valoradas al más alto nivel”, señala. Eso no significa que el modelo pueda trasladarse automáticamente al ciclismo tradicional. El Tour de Francia implica una gigantesca infraestructura de carreteras, seguridad, alojamientos, equipos, desplazamientos, producción televisiva y organización durante varias semanas. El coste y el modelo de negocio de una competición virtual son completamente diferentes. También existe una brecha histórica evidente: el Tour masculino cuenta con más de un siglo de trayectoria mientras que la actual versión femenina nació en 2022 y todavía se encuentra en pleno proceso de crecimiento deportivo y comercial. Precisamente por ese motivo resulta interesante observar qué sucede cuando una competición se construye prácticamente desde cero. MyWhoosh decidió que hombres y mujeres tuviesen desde el principio la misma escala de premios. No ha tenido que corregir posteriormente una desigualdad histórica porque su modelo nació directamente bajo otro criterio. Ahí reside buena parte del contraste con la carretera. El Tour de France Femmes ha crecido de manera extraordinaria desde su recuperación, aumentando su dureza, su prestigio, su seguimiento internacional y su impacto mediático hasta convertirse en uno de los grandes escaparates del deporte femenino. Sin embargo, sus premios económicos continúan reflejando una distancia considerable respecto a los hombres. Los 2,3 millones frente a los 250.000 euros en la bolsa total y, especialmente, los 500.000 frente a los 50.000 reservados a sus respectivos campeones muestran que todavía existe un largo camino por recorrer. Desde MyWhoosh creen que la tendencia acabará extendiéndose. “Creo que es hacia donde se dirige el deporte en general. Los organizadores y plataformas que se comprometan pronto atraerán a los grupos más fuertes, a las audiencias más numerosas y a los mejores socios comerciales. Nuestra ambición es que los premios igualitarios dejen de ser algo destacable”, concluye Smithson. El ciclismo virtual propone mientras tanto otra fórmula: competiciones masculinas y femeninas separadas, pero con una misma escala económica. Dos mundos muy diferentes y dos modelos que no pueden compararse de manera automática, pero que abren una pregunta inevitable en un momento de expansión del ciclismo femenino: cuánto tardará la carretera en reducir una brecha que algunas competiciones virtuales han decidido directamente no tener.
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