Froome relata su accidente: "Me desangraba y casi muero; si la ambulancia no hubiera sido rápida..."
El británico sufrió el colapso de la caja torácica, daños en un pulmón y el pericardio abierto tras caer entrenando en agosto de 2025
Chris Froome ha necesitado más de un año para contar hasta dónde llegó el accidente que terminó con su carrera profesional. El británico, de 41 años y ganador de siete Grandes Vueltas, se cayó mientras entrenaba en el sur de Francia en agosto de 2025. Aquella caída le dejó múltiples costillas rotas, un pulmón colapsado, una vértebra fracturada y una rotura del pericardio. La gravedad real de las lesiones fue todavía mayor. Pasó meses hospitalizado y su prioridad dejó de tener cualquier relación con el ciclismo de competición. Se trataba, sencillamente, de volver a vivir con normalidad. "Casi me mato con la bici, estuve meses en el hospital y con varios problemas médicos, y tenía que tomarme medicación e intentar volver a ponerme sano. Intentaba simplemente arreglarme, volver a poder vivir una vida normal de nuevo, por eso di por hecho que todo el mundo sabía que lo había dejado", explica Froome en una conversación con Cycling News. Su contrato con el Israel Premier-Tech terminaba y el propio corredor ya había anunciado que sería el último de su carrera. El accidente llegó antes de que pudiera hacer oficial su retirada. "Un periodista me vino y me preguntó si tenía planes de correr todavía. Y le dije: 'esto no es un anuncio de retirada, pero quiero ser muy claro: no, no tengo ningún deseo de volver a montar en mi bicicleta. Ahora mismo solo estoy agradecido por estar vivo". Froome pone ahora palabras a unas lesiones que estuvieron a punto de costarle la vida. "Casi muero, mi pericardio estaba abierto, mi corazón expuesto. Me rompí todas las costillas, que se hundieron en mi pecho. Tengo placas metálicas en cada costilla para mantener la caja torácica abierta, porque colapsó toda. Las costillas hicieron mucho daño en el pulmón derecho, y una de las costillas abrió el pericardio". El británico recuerda especialmente los minutos posteriores a la caída. "Me estaba desangrando literalmente. La ambulancia llegó en siete u ocho minutos, y si no hubiera llegado tan rápido, no creo que estuviera hoy aquí. Así que soy extremadamente afortunado". La recuperación se alargó durante meses. "En enero todavía seguía en el hospital, y mi accidente había sido en agosto. No estaba para hacer comunicados ni relaciones públicas. Ya le había dicho a la gente que iba a ser mi último contrato, y pensé que eso había sido muy claro, si bien no me dio tiempo de hacer un anuncio formal por culpa del accidente", recuerda. Llegó a subirse brevemente a la bicicleta en diciembre. Apareció entonces otro problema. "Me subí a la bicicleta solo para dar una vuelta, creo que fue en diciembre, pero tuve una infección alrededor de algunas de las placas de metal que me pusieron en las costillas, y tuve que volver a operarme y me pusieron más tubos en los pulmones". Hasta finales de enero o febrero no empezó a pedalear de nuevo con cierta continuidad, ya sin planes de entrenamiento ni intención de regresar al pelotón: únicamente salidas sociales, aire libre y kilómetros con amigos. El accidente de 2025 cerró una trayectoria que ya había sufrido un golpe enorme seis años antes. En 2019, durante el reconocimiento de la contrarreloj del Critérium du Dauphiné, Froome sufrió otra caída de extrema gravedad que le provocó lesiones en el fémur, la cadera, el codo y las costillas y obligó a una intervención de unas ocho horas. Regresó a la competición, lejos del corredor que había dominado las grandes vueltas. Entre 2013 y 2018 acumuló 11 podios en las tres grandes del calendario, ganó cuatro Tours de Francia, dos Vueltas a España y un Giro de Italia, además de conquistar dos bronces olímpicos y otros tres metales mundiales. En 2020 dejó Ineos, el equipo con el que construyó la parte central de su palmarés, para incorporarse al Israel Premier-Tech. Su última carrera profesional fue el Tour de Polonia de 2025. Terminó 68º en la general y disputó el 10 de agosto la contrarreloj final de 12,5 kilómetros en Wieliczka. Semanas después llegó la caída durante un entrenamiento en Francia. Ya no volvió a ponerse un dorsal. El anuncio formal de su adiós tardó meses porque Froome seguía centrado en operaciones, medicación y hospital. Cuando volvió a aparecer públicamente, su respuesta sobre una posible vuelta dejó poco margen: "no, no tengo ningún deseo de volver a montar en mi bicicleta. Ahora mismo solo estoy agradecido por estar vivo". La bicicleta cambia de significado Desde febrero, Froome ha recuperado poco a poco la bicicleta en su vida, lejos de entrenamientos, calendarios y objetivos profesionales. Sale de manera social, para despejar la cabeza, compartir kilómetros con amigos y disfrutar de nuevo sobre dos ruedas. Es otra relación con un deporte que durante años giró alrededor de Tours, Giros y Vueltas y que ahora ocupa un espacio mucho más sencillo en sus días. Las placas metálicas siguen sujetando unas costillas que se hundieron en su pecho y obligaron a reconstruir la caja torácica. Froome convive con las consecuencias de aquel accidente mientras vuelve a pedalear sin mirar tiempos ni clasificaciones. Su recuerdo de aquellos primeros minutos sigue intacto: "La ambulancia llegó en siete u ocho minutos, y si no hubiera llegado tan rápido, no creo que estuviera hoy aquí. Así que soy extremadamente afortunado".
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