La otra victoria del Mundial: Una canasta para cambiar vidas
Más de 400 niños y niñas en una iniciativa de la Fundación FIBA con Basketball For Good y el baloncesto como herramienta de inclusión, educación y transformación social.
El Mundial femenino de FIBA que se disputa en Berlín está dejando espectáculo dentro de la pista y también historias que trascienden el marcador. Mientras las mejores selecciones del planeta pelean por las medallas, más de 400 niños y niñas han vivido su particular Mundial gracias a Little Champions, una iniciativa de la FIBA Foundation integrada en el programa Basketball For Good. Antes de cada partido, comparten unos minutos con las estrellas, salen a la pista junto a ellas, reciben sus sonrisas, sus palabras y sus choques de manos. Para muchos, un recuerdo para toda la vida. Las imágenes de Iyana Martín charlando con una de las niñas o de Alicia Florez compartiendo confidencias antes de los partidos de España reflejan el verdadero valor de esos momentos. Son escenas sencillas, pero cargadas de significado: niños que hasta hace poco veían a sus referentes desde la grada ahora caminan junto a ellos por la misma pista. Y las jugadoras, que algún día ocuparon ese mismo lugar como aficionadas, tienen la oportunidad de convertirse en inspiración para una nueva generación. Porque el objetivo de Basketball For Good va mucho más allá de acercar a los niños a un gran campeonato. La FIBA Foundation utiliza el baloncesto como una herramienta de transformación social, con tres grandes pilares: liderazgo juvenil, minibasket e impacto comunitario. Los resultados dan dimensión al proyecto: en 2025 sus iniciativas alcanzaron a más de 376.000 jóvenes y líderes comunitarios en 127 países, mientras más de 830 agentes de cambio recibieron apoyo. En Rwanda, el baloncesto sirve para impulsar la igualdad y el liderazgo entre niñas; en el campo de refugiados de Kakuma, en Kenia, para ofrecer a los jóvenes un espacio de convivencia y aprendizaje; y en Bhutan, para acercar el deporte a niños sordos y con dificultades auditivas. La Fundación apuesta además por que los propios protagonistas sean quienes impulsen el cambio. Su programa Propose a Project recibió 332 solicitudes en 2025 y permitió financiar 73 proyectos de base con más de 100.000 dólares. La idea es que sean las propias comunidades quienes identifiquen sus necesidades y encuentren en el baloncesto una vía para combatir problemas como la desigualdad, la exclusión, la falta de oportunidades o los hábitos poco saludables. Un modelo que en 2026 mantiene su crecimiento y amplía el interés por una iniciativa que pretende que el impacto del baloncesto no termine cuando suena la bocina. Los Youth Leaders completan ese círculo. La FIBA Foundation forma a jóvenes para que puedan convertirse después en líderes, entrenadores, mentores o impulsores de nuevos proyectos en sus comunidades. En 2025 también llevó su mensaje a los grandes campeonatos, con 21 activaciones vinculadas a competiciones continentales y torneos de formación. El propósito es que cada gran evento deje algo más que un campeón, unas estadísticas o una audiencia millonaria: que también genere un legado social allí donde se celebra. Por eso los niños que estos días saltan a la pista de Berlín junto a las jugadoras son mucho más que una imagen bonita antes de un partido. Son la expresión más visible de una filosofía que pretende demostrar que el baloncesto puede cambiar vidas. Quizá alguno descubra su pasión por este deporte; quizá una niña gane confianza, un joven encuentre su vocación de liderazgo o una cancha se convierta en punto de encuentro para una comunidad. En un Mundial repleto de triples, rebotes y canastas decisivas, hay una victoria que no aparece en el marcador. Es conseguir que alguien se sienta parte del juego. Esa es la otra victoria del Mundial. La canasta más solidaria de la Fundación FIBA.
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