Arturo Pérez-Reverte lanza una dura advertencia: "No sé qué me queda de vida, cinco o seis años, tres, como mucho, pero..."
El escritor y miembro de la RAE define el momento que vive Europa y lo que ve venir
Arturo Pérez-Reverte al más puro estilo Pérez-Reverte a sus 74 años. No esquiva nada... tampoco la de la muerte. El escritor y académico de la RAE ha hablado sin rodeos sobre el tiempo que cree que le queda por vivir y aprovechó para compartir una reflexión mucho más amplia: su convencimiento de que Occidente atraviesa un momento histórico decisivo. "No sé qué me queda de vida, cinco o seis años, tres, como mucho. Tampoco quiero ir más allá", sentenció durante una entrevista concedida a La Nación. Pero más que el paso del tiempo, lo que realmente capta ahora su atención es el cambio profundo que está atravesando Europa. Se ha mostrado muy contundente dejando reflexiones que dan que pensar. "Tengo el privilegio de estar asistiendo al final de un mundo, el final de Occidente, de Europa", ha dejado constancia. Una afirmación contundente con la que describe lo que considera una transformación histórica de enorme magnitud. De hecho, Pérez-Reverte se mostró crítico con la situación actual del continente. Según explicó, Europa fue durante siglos un modelo para gran parte del mundo, tanto en el plano cultural como en el político. "Europa hubo un tiempo, y duró mil o dos mil años, en que fue una luz. Europa fue el referente moral, todo el mundo quería imitar Europa", reflexionaba. Y añadía, a continuación. "Europa ha perdido su influencia moral en el mundo, porque no la merece. Por culpa de ella, de Europa misma". El escritor considera que el problema no es únicamente la pérdida de peso geopolítico, sino también el deterioro de la autoridad cultural y moral que durante siglos acompañó al continente. Dentro de su análisis crítico llegó a definir Europa como "un parque temático para turistas". Una imagen que ilustró con escenas habituales, como visitantes fotografiándose ante el acueducto de Segovia o en el Vaticano. Para el académico, esos monumentos representan la grandeza de un pasado que ya no tiene la misma capacidad de influencia en el presente. Es más recurre a la historia. A Roma, el Imperio español y otras grandes potencias que forman parte de ese bagaje histórico con el que interpreta la actualidad. Por eso observa el presente de Europa como un proceso que, a su juicio, ya se ha repetido muchas veces a lo largo de la historia: el declive de los grandes centros de poder que un día dominaron el mundo.
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