Mariana, argentina de 38 años que dejó la ciudad para construir su propia casa de tierra: usó 12 cristales de parabrisas de coches y materiales reciclados
La joven llegó a detener las obras durante cuatro meses y alquiló un chalet cercano para descansar antes de continuar
A los 22 años, Mariana dejó su ciudad natal, en la provincia argentina de Santa Fe, y comenzó un largo viaje por Latinoamérica. Durante esos años se acostumbró a vivir con pocos recursos sin agua corriente ni electricidad. Esa experiencia terminó influyendo en la forma de vida que escogería años después. Tras estudiar Bellas Artes, literatura y fotografía, decidió instalarse en Los Hornillos, en el Valle de Traslasierra, una zona montañosa. Allí empezó a levantar desde cero una vivienda basada en técnicas de bioconstrucción y en el aprovechamiento de materiales que ya existían. La estructura de la casa utiliza cob, una técnica que combina tierra y madera. Para crear las ventanas, Mariana consiguió 12 parabrisas de coches en una subasta y los incorporó a los muros. Los grandes cristales permiten iluminar el interior y, al mismo tiempo, mantienen abiertas las vistas hacia las montañas. El proyecto también incorpora botellas de vidrio recicladas, colocadas en distintos puntos de las paredes para favorecer la entrada de luz. El resultado es una vivienda integrada en el paisaje y construida con una filosofía centrada en reutilizar recursos. La vivienda de Mariana no se limita a los materiales reciclados. El agua procede de una fuente natural en la montaña, mientras que las aguas residuales se tratan mediante un biodigestor casero compuesto por varios tanques colocados a diferentes niveles. Construir la casa, sin embargo, exigió tiempo, esfuerzo y capacidad para afrontar las dificultades. Durante uno de los inviernos más duros, Mariana llegó a detener las obras durante cuatro meses y alquiló un chalet cercano para descansar antes de continuar. Finalmente, consiguió terminar el proyecto. Hoy vive allí junto a su hijo y mantiene una vida sencilla. La experiencia de los años de viaje y su formación artística quedaron reflejadas en una casa en la que la creatividad convive con soluciones prácticas. Su historia muestra cómo una vivienda puede plantearse desde criterios diferentes a los habituales: reutilizar materiales, aprovechar los recursos disponibles y reducir la dependencia de infraestructuras convencionales. El resultado es un hogar singular levantado con tierra, madera, cristal y objetos recuperados, en un entorno de montaña donde la autosuficiencia forma parte de la vida cotidiana.
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