En 2016 construyeron siete islas artificiales de lodo en Holanda y la fauna salvaje respondió así
El lugar recibe el nombre de Marker Wadden
El ser humano interviene en ocasiones para ayudar a crear o mejorar la biodiversidad en los rincones más problemáticos del planeta. Los potenciales problemas suponen un reto para las personas y su entorno, por lo que lo ocurrido en Holanda en 2016 supuso un cambio enorme respecto a lo que venía ocurriendo, tal y como explica un artículo de la revista Nature sobre Marker Wadden. Se trata de un archipiélago artificial que se diseñó y creó para ayudar a que la diversidad ecológica de un lago de agua dulce creciera. Desde hace una década se han establecido siete islas gracias al proyecto encargado por Natuurmonumenten y Rijkswaterstaat. La primera de esas islas se terminó en 2016 una vez se dragaron 37,2 millones de toneladas de material en el fondo del lago. Pese a que tanto el lago como las islas son artificiales, lo importante es el experimento que pretende mejorar el hábitat y que así la zona recuperase su estado ecológico. El proyecto consistió en instalar toda la estructura y que la naturaleza hiciera el resto, en colaboración con los procesos de sedimentación y flujo. Según los informes de Nature, se ha detectado una colonización del lodo por hierba cana de los pantanos, cañaverales y presencia de peces, insectos y aves reproductoras. Además, han anidado otras aves como el charrán piquirrojo, algo que no ocurría regularmente en los Países Bajos en las décadas anteriores. Esto supone una profunda transformación del entorno. Donde antes las aguas abiertas y las costas rocosas no daban pie a que se creara un hábitat de reproducción, ahora la población se está recuperando, el entorno está mejorando gracias a la creación de un nuevo paisaje. Por el momento se sigue estudiando qué grado de mejoría se debe al lugar en sí mismo y cuál al diseño de esas islas.
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