Quién es Pete Hegseth, el secretario de Defensa de Estados Unidos que ha expulsado a los trans de sus tropas
Algunos mandos de la Armada y el Cuerpo de Marines han desobedecido la orden y están buscando la forma de mantener en las tropas a las personas afectadas
Pete Hegseth, veterano del Ejército de la Guardia Nacional con condecoraciones de la Estrella de Bronce por sus despliegues en Irak y Afganistán, saltó a la luz pública principalmente como presentador del canal Fox News, medio afín a Donald Trump, antes de ser nombrado secretario de Defensa por el actual presidente de EEUU. Conocido por su alineamiento con el ala conservadora dura y su postura crítica contra las políticas progresistas dentro de las Fuerzas Armadas, el titular del Pentágono reestructuró la política militar bajo la premisa de que el servicio debe reservarse para quienes cumplan con unos estándares tradicionales de aptitud física y mental. Durante un acto masivo ante marineros e infantes de marina, el secretario de Defensa utilizó un término despectivo para anunciar que expulsaría a los soldados transgénero, impulsando un estricto proceso de revisión burocrática para consumar su salida. La directiva diseñada por el Pentágono parecía inflexible: un mecanismo donde los tribunales de separación debían tramitar las bajas sin contemplaciones. Para ejecutar la medida, se dictaron consignas extremadamente rígidas mediante las cuales los miembros examinadores recibían instrucciones de "rodear con un círculo algunas palabras" que certificaran la condición trans para proceder al despido automático. Sin embargo, a pocos pasos del auditorio donde habló Hegseth, en la Base de Quantico, las juntas encargadas de aplicar esas órdenes estaban haciendo lo contrario. Lo que el Gobierno preveía como una purga meteórica ha chocado de frente contra el propio criterio de las tropas. El veto argumenta que las personas transgénero representan una carga costosa para la eficacia militar. No obstante, la aplicación práctica en la Armada y el Cuerpo de Marines ha tomado un rumbo imprevisto. En lugar de acatar sumisamente las directrices de expulsión, las juntas directivas se rebelaban y votaban a favor de que se quedaran, priorizando el desempeño profesional de sus compañeros sobre los mandatos ideológicos. Este fenómeno de insubordinación velada contrasta fuertemente con la tónica vista en el Ejército o la Fuerza Aérea, donde la mayoría de las audiencias ha derivado en destituciones inmediatas. La contradicción entre la retórica del Pentágono y la realidad de los juzgados militares se ha hecho evidente. Mientras altos cargos señalan la diversidad como un obstáculo operativo, en las audiencias de los Marines han emergido encendidas defensas de la cohesión del grupo. En el caso del sargento Damien Contreras, la junta examinadora decidió tachar la cláusula de antecedentes de terapia hormonal de su hoja de conclusiones e incluir la frase "sigue cualificado" para mantenerlo en activo, valorando su década de servicio intachable por encima de las restricciones impuestas por la administración. Expertos legales y exabogados militares destacan que este freno institucional responde a un profundo sentido de camaradería. La exabogada de la Fuerza Aérea, Rachel VanLandingham, valoró en The New York Times la posición de los juzgadores al señalar que las juntas dicen que "no van a participar en ese juego", negándose a respaldar expedientes incoherentes o procesos que consideran tajantemente injustos. Esta resistencia silenciosa expone una brecha creciente entre las directivas emitidas por la cúpula y los valores de lealtad en el frente. Aunque el número de resoluciones favorables es reducido y podrían ser revocadas por los secretarios designados políticamente, el mensaje enviado por la Marina y el Cuerpo de Marines es demoledor. En la Marina, donde se calcula un porcentaje de personal diverso mayor al de otras ramas, mandos de carrera han argumentado que sus subordinados siempre han cumplido con el deber de forma impecable. Las tropas están optando por proteger la efectividad de sus unidades antes que someterse a imposiciones arbitrarias. El intento de homogeneizar los ejércitos mediante bajas fulminantes se encuentra así con un obstáculo inesperado: el propio criterio de unos militares que priorizan la valía en el cumplimiento del deber. En el Cuerpo de Marines, cuyo lema es Semper Fidelis, el respeto ganado tras años de servicio y despliegues pesa más que las directrices de una purga impuesta desde los despachos del Pentágono.
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