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Wednesday, September 2, 2026

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Del chiringuito a la bandeja de entrada: por qué volver a la rutina de golpe puede pasarnos factura

Volver al trabajo, recuperar horarios y retomar hábitos después de las vacaciones puede generar cansancio, irritabilidad y estrés: estas claves ayudan a hacerlo sin exigirnos demasiado desde el primer día

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Septiembre llega con una paradoja: queremos volver a la rutina, pero muchas veces pretendemos hacerlo a toda velocidad. Pasamos de horarios flexibles, menos obligaciones y más descanso a agendas llenas, madrugones, gimnasio, dieta y objetivos nuevos. Pero nuestro sistema nervioso no entiende de "a partir del lunes". Necesita tiempo para adaptarse al cambio. No somos una máquina que pasa de cero a cien. Después de semanas a otro ritmo, volver implica recuperar atención, tomar más decisiones y asumir de nuevo muchas responsabilidades. Por eso puede aparecer cansancio, irritabilidad, dificultad para concentrarnos, tensión o incluso problemas de sueño. La pregunta útil, que nos plantea Sara Manzaneque, coach experta en relaciones y duelo (@saramanzaneque), no es "¿cómo vuelvo a hacerlo todo?", sino "qué puedo sostener hoy sin pasar por encima de mis límites?". No siempre tenemos que ir a máximos; muchas veces necesitamos volver a los mínimos: el mínimo de ejercicio que podemos mantener, de tareas que necesitamos sacar adelante o de descanso que debemos respetar. El bienestar también se nos está yendo a los extremos. Parece que descansar tiene que ser hacerlo en Bali y que volver significa levantarse a las seis, entrenar, comer perfecto y ser productivos desde el primer día. Pero no todo el mundo ha tenido unas vacaciones idílicas ni vuelve con la misma energía, el mismo cuerpo o las mismas circunstancias. Y las redes sociales no ayudan: comparamos nuestra vuelta real con escaparates cuidadosamente seleccionados de rutinas perfectas. También podemos caer en el error de plantearnos en septiembre una lista de objetivos que dura menos que un roscón de Reyes en enero. La motivación inicial puede hacernos creer que seremos capaces de mantener un ritmo que todavía no hemos construido. Si abandonamos a las pocas semanas, quizá no nos falte voluntad: quizá el objetivo estaba demasiado lejos de nuestra realidad. Y hay algo más: volver también implica despedirse. Podemos echar de menos las vacaciones y, al mismo tiempo, tener ganas de recuperar nuestras rutinas. Podemos estar agradecidos por lo vivido y sentir pereza. Querer avanzar y necesitar ir despacio. No hay contradicción en todo ello. Quizá septiembre no tenga que ser el mes de nuestra "mejor versión". Quizá sea simplemente el mes de volver a encontrarnos con nuestro ritmo. Y hacerlo despacio también es una forma de cuidarnos.

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