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La vida y su dolor

Las cuatro esquinas: dolor, dolor, dolor, dolor

· 468 words

Viajo mucho en AVE. Dos veces a la semana voy a la estación de Ciudad Real. Espero los usuales retrasos desde hace unos años, quizá desde que aumentaron las compañías en la misma infraestructura, y me voy para Madrid. Unas veces son gestiones literarias o periodísticas y las más la tertulia de Telemadrid, 120 minutos, que presenta María Rey. Ayer (escribo el día del accidente) fui. Llegué a la estación de Ciudad Real y cientos de personas pululaban por aquí y allá perdidos. ¿Qué pasa?, me dije. A esta hora temprana (las 7,30) suele estar tranquila la estación. Al parecer se había suspendido el primer tren de la mañana, y ya se había trastocado todo al intentar acomodar a los pasajeros. La indignación es habitual. Si no es por una cosa (robos de cables, problemas informáticos...) es por otra. Casi siempre hay problemas. Los viajeros recordamos aquel tiempo en el que el AVE era modélico. Si se retrasaba más de cinco minutos te devolvían el 100% del dinero. Ahora si se retrasa 60 minutos el 50% y 90 el 100%. El servicio tiene un deterioro agrio que ha ido generando una rabia improductiva, una sensación de impotencia, de desgana también en muchos trabajadores. No quiero acusar, pero como usuario quiero dejar claro que la gestión es pésima. No tengo ni idea si es de Renfe o Adif. Retrasos, cambios de trenes, acumulaciones de pasajeros, angustia... En Atocha he visto gente joven sentada o tirada en el suelo. Pero nadie parece pensar en los ancianos. Son escasos los asientos. Nadie vigila que se respeten los reservados para ancianos o personas con discapacidad. Sientes que es la ley de la selva. Hay gente que trabaja en Madrid y vive en Ciudad Real y viceversa. Muchos se están planteando alternativas. Los retrasos persistentes impiden que lleguen a la hora a su trabajo. Una vez vale. Pero tantas. Hablamos mucho de cuando el AVE funcionaba bien. Era una felicidad viajar. Ahora cabreo, calor. Un amigo estuvo en un tren parado dos horas en verano sin aire acondicionado, a pleno sol, en La Mancha desértica... Estoy muy triste. Perdonadme, no puedo escribir de deporte. Solo puedo imaginar el infierno de esa gente con la que he coincidido en esa estación de Madrid que está apretada en unas obras infinitas. Las señalizaciones de los taxis son pésimas. Ves extranjeros buscándolos, desde la planta baja del primer edificio, cerca de la plaza de Atocha. Están en el otro, donde el rostro de una niña creado por Antonio López representa el paso del tiempo, la inocencia de la infancia y la esperanza frente al dolor. Allí reinó un día la muerte. Ahora vuelve por otras razones y no quiero pensar en otra cosa que en dar mi ánimo a todos los que amaban a los fallecidos.

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Thursday, October 29, 2026

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