Carlos Bardem: "Con Guy Ritchie, yo no rodé nunca una frase que estuviera en el guion"
El actor presenta 'En la zona gris', un thriller lleno de acción dirigido por Guy Ritchie
Carlos Bardem protagoniza 'En la zona gris', la nueva película de Guy Ritchie, un thriller de acción en el que interpreta a Manny Salazar, un multimillonario que se convierte en el objetivo de un grupo de criminales que pretende arrebatarle mil millones de dólares. La cinta, rodada en 2023, cuenta con un reparto internacional encabezado por Jake Gyllenhaal, Henry Cavill, Eiza González y Rosamund Pike y combina acción, humor y los diálogos característicos del cine de Ritchie. La película llega ahora a España después de varios retrasos en su distribución. Con motivo de su estreno, hablamos con Carlos Bardem sobre su experiencia trabajando con Guy Ritchie y sobre el particular método del director británico, pero también sobre su nueva novela, 'Triángulo', la violencia verbal, su compromiso con distintas causas sociales y su relación con el Atlético de Madrid y el fútbol moderno. En 'En la zona gris' interpretas a Manny Salazar, un multimillonario al que quieren arrebatar mil millones de dólares. ¿Qué te atrajo de él? Lo primero que considero siempre es el guion. Lo leí y me pareció muy divertido, una película de Guy Ritchie, con acción y diálogos llenos de humor. Además, estaba la posibilidad de trabajar con Ritchie y con un casting como el de esta película, con Henry Cavill, Eiza González, Rosamund Pike... Todo eso hacía un paquete muy atractivo para interpretar a Manny Salazar. ¿Qué tiene Guy Ritchie como director que hace que un actor acepte que el guion pueda cambiar prácticamente delante de sus ojos? La película me llegó como una oferta directa a través de mis agentes. Tenía el guion dos meses y medio antes y, como la rodamos en inglés, me puse a trabajarlo mucho. Cuando llegué a los fittings, empecé a cruzarme con gente del equipo que me decía que Guy lo cambiaba todo. Me empecé a preocupar cuando me dijeron que Guy Ritchie lo cambiaba todo. Y efectivamente, Con Guy Ritchie, yo no rodé nunca una frase que estuviera en el guion que había estudiado durante dos meses y medio. Él viaja con guionistas, es coguionista y va cambiando las cosas en función de lo que ha rodado. Esta flexibilidad se la permite trabajar desde sus primeras películas con un grupo muy reducido de personas, su "gang", que se entiende con mirarse. Yo como actor lo viví con mucho susto inicialmente, porque me daban, con suerte, las escenas la noche anterior, muchas veces en el tráiler de maquillaje. Yo le decía: 'Oiga Mr. Ritchie, yo me manejo con el inglés pero entenderá usted que estos cambios... Y me decía: 'No te preocupes que lo estás haciendo muy bien'. Pero vi que la cosa funcionaba y que todos los cambios que hacía mejoraban lo que había sobre papel. Una vez que entendí el juego, descubrí que lo que Guy exige a los actores es estar muy presentes, abiertos, flexibles y conectados con lo que están haciendo. Y acabó siendo uno de los rodajes más divertidos en los que he estado nunca. ¿Qué descubriste de ti como actor trabajando con Guy Ritchie que no esperabas descubrir? Yo ya con la edad que tengo, pues ya yo me tengo más o menos identificado, pero sí me alegró ver que era capaz de de asumir y abrazar ese reto. De rodar en un idioma que no es el mío, en una película en la que la gente habla mucho, hay unas unas parrafadas llenas de ironía, de doble sentidos... Todos nos pisábamos, eran réplicas constantes y me agradó ver que era capaz de hacerlo, que el resultado estaba bien y que el director no me despedía, me decía: 'Vuelva usted al día siguiente'. La película se rodó en 2023 y llega ahora a España, después de varios retrasos y cambios en su distribución. ¿En algún momento pensaste que se había quedado en un cajón? Yo contaba con que saldría porque es una película de Guy Ritchie y tiene estrellas muy conocidas de Hollywood. Pero sí, es una película que estuvo un tiempo metida en un cajón por problemas. Los detalles se me escapan, entre la productora, las distribuidoras y demás. En octubre publicas 'Triángulo', una novela sobre deseo, masculinidad y una fosa común de la Guerra Civil. ¿Qué querías explorar esta vez como escritor? Yo escribo para mí, para comprender cosas. Siempre cito a Borges, que decía que escribir es una manera de leer más profundamente. La novela empieza explorando la relación entre la masculinidad y las nuevas feminidades, pero, como ocurre en las buenas películas y los buenos libros, aparecen otros temas. En este caso, la memoria histórica y, fundamentalmente, la violencia crónica contra las mujeres. También es una llamada de atención contra la tibieza. En la 'Divina Comedia', Dante sitúa antes de la entrada al infierno a los tibios, los que no toman partido y se ponen de perfil pensando que a ellos nunca les va a pasar nada. Vivimos unos tiempos en los que creo que no hay que ponerse de perfil y en los que las torres de marfil no van a funcionar. Hace unos meses dijiste que la violencia verbal puede ser la antesala de la violencia física. Ahora tenemos los ejemplos de lo ocurrido en Oviedo, lo que está ocurriendo en Ceuta... ¿Qué estamos haciendo mal como sociedad? Es un tema muy complejo, pero hay una cosa que está clara: la violencia verbal siempre precede o es la antesala de la violencia física. Siempre se empieza por el insulto, por denigrar, por deshumanizar. Creo que vivimos un momento muy complejo y que la diferencia ahora es que quienes odian, gritan y deshumanizan tienen un altavoz muy potente y llegan a mucha gente. Creo que quienes no somos machistas, racistas, homófobos o fascistas tenemos que enfrentarnos a esos discursos de odio con contundencia, denunciarlos y demostrarles que somos más. Creo que esa es la única esperanza que tenemos como sociedad. Siempre has sido muy activo en causas sociales, desde la defensa del pueblo saharaui, pasando por Palestina y hasta cuestiones medioambientales. ¿Qué hace que una causa te lleve a implicarte públicamente y a asumir el coste de posicionarte? Creo que la implicación con las causas siempre tiene que ver con la negación de derechos humanos elementales. Yo apoyaré a colectivos y personas que estén siendo oprimidos y a quienes se nieguen derechos básicos, dignidad, igualdad, representación política o voz. Cuando tienes un altavoz, creo que no solo tienes el derecho, sino también la obligación de utilizarlo para denunciar lo que consideras injusto. ¿Te sorprende que posicionarse a favor de derechos humanos se perciba como izquierda cuando debería estar por encima de ideología? Creo que el auge de la extrema derecha y de los fascismos se basa en romper consensos básicos, como la igualdad entre hombres y mujeres. El feminismo no consiste en poner a las mujeres por encima de los hombres, sino en garantizar la igualdad. Eso debería ser un derecho básico, independientemente del sexo. También estamos viendo la criminalización de la inmigración. Incluso hay personas de izquierda que empiezan a justificar la inmigración porque los inmigrantes hacen determinados trabajos o porque son necesarios para las pensiones. Eso puede ser cierto, pero no debería ser la causa para dar un trato humanitario a una persona. Hay que hacerlo porque es un ser humano. Has dicho que te preocuparía más callarte por miedo que pagar un peaje por opinar. ¿Has pagado alguna vez ese peaje? Supongo que sí, o sé que sí, pero no me lo voy a beber. Yo no vengo aquí a cantar tangos ni a victimizarme. Cada uno tenemos una relación con nuestro estar en el mundo. Yo necesito sentir que, de alguna manera, contribuyo a lo que creo que es justo y hago lo que puedo. Muy futbolero y socio del Atlético. ¿Sigues viendo fútbol con la misma pasión? ¿Qué significa para ti el Atleti? El Atleti para mí significa lo que ha significado siempre: rebeldía. Soy de Madrid y, cuando era pequeño, iba al colegio y todos los niños eran del Madrid, salvo uno o dos que éramos del Atleti. Me crié con la sensación de que para ser del Madrid valía casi todo el mundo y que para ser del Atleti había que tener una manera muy especial. Has sido muy crítico con la transformación del fútbol en un negocio. ¿Cómo ves ese proceso? Odio eterno al fútbol moderno. Yo no soy un ingenuo. Entiendo que el fútbol siempre ha sido un negocio y que es un espectáculo, pero El fútbol cada vez tiene menos de competición y más de espectáculo guionizado. Creo que la monetización de todo está apartando a las aficiones. Los precios de las entradas y de las camisetas son una muestra. Tiene que ver también con la gentrificación: nuestras ciudades, los campos de fútbol y las competiciones se están convirtiendo en parques temáticos para turistas con dinero. Creo que se está perdiendo algo muy importante del fútbol, que es la pertenencia y la relación con un equipo y una afición. Has defendido que los futbolistas deberían posicionarse socialmente por el altavoz que tienen. Ahora tenemos el ejemplo de Borja Iglesias... ¿Los ves más implicados que antes? Y mira la que le ha caído... No se implican. Estadísticamente es imposible que no haya futbolistas gays y ninguno sale a decirlo. Mueven tal cantidad de dinero que entiendo que el negocio prima y que hay temas que pueden resultar incómodos para los patrocinadores. Cuando hay un colectivo en el que es imposible estadísticamente que no haya cierto tipo de personas y esas personas nunca se las ve, no tienen voz o están condenadas a callarse, creo que eso es significativo. Acabo de hacer una película en Argentina que habla de esto, 'No lo grites'. Interpreto a un agente de futbolistas y la película va de unos agentes que descubren a un niño que puede ser el próximo Maradona o Messi, pero el niño es gay. La duda es qué hacer con él: cumplir su sueño, pero pudiendo destrozarle la vida si tiene que ocultar quién es. Le preguntamos a la IA qué pregunta te haría si solo pudiera hacerte una y nos dijo esto: ¿En qué momento la ficción deja de ser un entretenimiento y se convierte en la herramienta más eficaz para despertar la conciencia política de un país? Buena pregunta de la inteligencia artificial que no es inteligencia ni es artificial, pero eso es otro debate. Los seres humanos necesitamos relatos para vivir. Construimos una memoria personal que nos permite tener un pasado y proyectarnos hacia un futuro, y las sociedades hacen lo mismo. Creo que la ficción es una manera de crear esa conversación: quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, y de llamar a la reflexión y a la emoción. Cuando actúo soy una pieza al servicio de una narrativa ajena, mientras que cuando escribo soy el dueño de esa narrativa. Yo siempre digo que yo no escribo para dar respuestas. No creo que esa sea la misión de la cultura. La cultura tiene que sembrar preguntas, sembrar dudas, cuestionar y luego que cada uno saque sus respuestas. Después de la película y la novela, ¿qué viene? Voy a estrenar una comedia de terror de Kiko Prada, 'Tránsito', en el Festival Isla Calavera de Tenerife en otoño. También está mi participación en la serie 'Atasco' y en 'Chiquito El Grande', una serie sobre Chiquito de la Calzada. Además, estoy escribiendo una novela nueva. Siempre estoy escribiendo.
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