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Friday, September 18, 2026

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En 1918, un oficinista pagó 24 dólares por 100 sellos: se dio cuenta de un error de impresión único en ellos y uno de ellos se vendió por 2 millones de dólares

Un filatelista afortunado y un error de impresión crearon los sellos con mayor valor de la historia

· 465 words

William Robey trabajaba como oficinista en Washington. El 14 de mayo de 1918, a la hora de comer, este individuo salió de la oficina en busca de los nuevos sellos para correo aéreo, los cuales habían salido a la venta un día antes, pero un golpe de suerte cambiaría su vida. El diseño de los sellos contaba con dos colores. El rosa carmín pintaba el marco del sello, mientras que los aviones estaban pintados en azul oscuro. Este factor hacía necesario que cada sello pasara por la imprenta dos veces. Teniendo eso en cuenta, coleccionistas de Washington, Filadelfia y Nueva York esperaban en los mostradores de las oficinas de correos a que algún empleado introdujera en la imprenta la hoja del revés. Y sucedió. Alguien imprimió mal una hoja de sellos. Robey pidió comprar 100 de esos sellos de la hoja Curtiss JN-4 con errores de imprenta por un valor de 24 centavos cada uno. Ese día se gastó 24 dólares en sellos, lo que hoy equivaldría a 510 dólares. Tal y como informa la revista Smithsonian, el filatelista reportó lo sucedido cuando ya tenía los sellos en su poder y el dinero había cambiado de manos. Al cabo de unas horas, investigadores postales se acercaron a su lugar de trabajo para presionarlo una y otra vez. Incluso acudieron a casa de Robey para presionar a su mujer. Sin embargo, el comprador sabía del valor de lo que tenía entre manos y se negó a colaborar. Fue hasta su casa con un maletín lleno de sellos con aviones impresos boca abajo. Él y su esposa apenas durmieron aquella noche, con la hoja de los sellos debajo del colchón. Una semana después, Robey viajó hasta Filadelfia y llegó a un trato con Eugene Klein por 15.000 dólares, dinero con el que se compró una casa y un coche. Más tarde, Klein vendió los sellos al coronel Edward Green por 20.000 dólares, y él se encargó de realizar lo que dió pie a la leyenda: cortó los sellos de uno en uno y escribió por la parte trasera un número de posición y los repartió entre sus amigos. En 1936, Ethel McCoy compró los sellos número 65, 66, 75 y 76 como un bloque intacto por 16.000 dólares, según relató el Christian Science Monitor. Scott Trepel, de las Galería Robert A. Siegel Auction, explicó que el sello número 49 tenía una calificación de 95 sobre 100 en centrado, algo único, no había ningún otro sello mejor. Además se había mantenido guardado en una vitrina situada en una bóveda sin exposición a la luz. Cuatro pujadores subieron su precio hasta 1.7 millones de dólares, que con la comisión se elevaron hasta los dos millones que pagó Charles Hack, el mayor valor de un sello estadounidense en la historia.

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