De ganar un torneo amateur y dejar su trabajo como fisio a ir al Mundial con Francia: el salto al vacío de Clara Mansart
La joven jugadora francesa en octubre de 2025 jugó en Milán una competición que le llevaría a saltar al circuito FIP Tour y, ahora, a ser convocada para Doha.
Hay giros de guion en el deporte que superan cualquier ficción, historias donde el esfuerzo silencioso y la pasión transforman una vida en cuestión de meses. Y un buen ejemplo es el que ha experimentado Clara Mansart (2001, Francia) que en apenas un año ha pasado de proclamarse campeona de un torneo amateur a ser convocada por primera vez con Francia para el Mundial de Doha (Catar). Una historia que tiene su primer punto de inflexión a principios de octubre de 2025 cuando Mansart, tras superar las fases locales de la competición amateur Oysho Padel Cup en suelo francés, se clasificó a la fase final para el torneo de Milán coincidiendo con el P1 de Premier Padel. Una oportunidad que le daría a diferentes jugadoras amateur la posibilidad de jugar en la pista central del Allianz Cloud y lo que podía haber sido una simple experiencia, se acabaría convirtiendo en el inicio de algo más. "Para mí, la Oysho Pádel Cup fue un torneo muy importante porque tuve la oportunidad de jugar en la pista central del P1 de Milán y poder vivir ese tipo de experiencia me hizo querer vivir más grandes citas internacionales", rememora con nostalgia la jugadora gala de lo que sin saber sería un cambio vital. Porque como en toda buena historia de película, un pequeño gesto sería el desencadenante del gran cambio. Inesperado y sutil, lo que días atrás era un sueño se iba a convertir en un “y si…” que acabaría siendo. “Ese torneo reforzó todavía más mi pasión por el pádel y me hizo pensar en hasta dónde podía llegar si realmente me dedicaba al cien por cien a este deporte. Y así empecé a jugar el circuito FIP”, explica sobre cómo tomó la decisión de empezar su carrera profesional. Aquel flechazo con las grandes citas encendió un fuego interior que ya no volvería a apagarse. Mansart, que creció empuñando una raqueta de tenis a los cuatro años tras una recomendación materna para alejarla del fútbol que jugaba su padre, halló en la pala esa chispa que creía olvidada. “Con el tiempo, sentía que el tenis ya no me aportaba las mismas sensaciones y que necesitaba un nuevo desafío. El pádel me permitió recuperar esa ilusión y esas ganas de descubrir hasta dónde podía llegar”, confiesa. Tras un par de años compaginando ambas disciplinas, el veneno del pádel, esa adicción que todo el que lo prueba conoce, terminó por atraparla a los 22 años. La disciplina y exigencia de la élite adquiridas en la pista le sirvieron como catapulta para una rápida adaptación que supo suplir con creces al no haber vivido la formación en categorías inferiores. Pero, ¿cómo llega la decisión definitiva? Hace apenas unos meses, en verano de 2026, Clara decidiría traducir su hambre competitiva en una decisión determinante: pausar su vida, dejar en standby su carrera como fisioterapeuta para volcarse en el pádel y comenzar a entrenar en una academia profesional en París. Una apuesta de riesgo pues, aún lejos de la élite, la vida de la jugadora que aspira a ser profesional es sacrificada y con muchos riesgos económicos. “Todavía no vivo del pádel. He podido ahorrar algo de dinero, pero jugar el circuito FIP supone muchos gastos: desplazamientos, hoteles, vuelos, trenes… todo suma muy rápido”, detalla con sinceridad sobre el día a día de la competición. Partido a partido, viaje a viaje, torneo a torneo, Mansart ya está inmersa en el top-10 del ranking femenino en Francia y ha conseguido escalar hasta la plaza 173 del ranking FIP. Una realidad donde premios y patrocinadores buscan conseguir ese frágil equilibrio que le dé sentido a todo. “No hago esto para ganarme la vida con el pádel, sino para poder vivir del deporte que me apasiona. Es por viajar, competir, rendir al máximo y alcanzar mis objetivos deportivos, pero está claro que este proyecto tendrá un límite en el tiempo si no consigo suficiente apoyo”, narra sobre la cara B del camino a la élite. Una historia que le ha llevado, en apenas unos meses, de vivir sus primeras ilusiones en un circuito amateur a compartir vestuario con referentes del pádel mundial como Alix Collombon o Léa Godallier. Un salto, y qué salto, que dibuja a la perfección la magia del deporte de la pala y premia la valentía de quien decidió apostarlo todo por un sueño. Así se daría la llamada de la selección, en medio de un camino abnegado, de maletas preparadas a toda prisa y cuentas al milímetro. Y al otro lado de la línea Juan Alday, el seleccionador de Francia, que le confirmaba su convocatoria para representar a la selección absoluta en el Mundial de Doha. “Me puse súper feliz y también muy emocionada cuando me llamó el seleccionador. Ser seleccionada para representar a mi país es una de las recompensas más bonitas por todo el trabajo que he realizado durante estos últimos años”, recuerda con una emoción de esas que el rostro, involuntariamente, no puede esconder. Para Clara ponerse la camiseta bleu representa la cúspide de un viaje que lejos de ser solitario ha sido compartido. "Evidentemente pensé en todas las personas que me han acompañado desde el principio. Siento que esta selección también es una recompensa para ellas porque sin su apoyo no habría llegado hasta aquí", reconoce dando razón a aquellos que dicen que si quieres llegar lejos siempre es mejor viajar acompañado. Una trama que podría haber sido otro inspirador documental más del catálogo de Netflix, pero que nada tiene de ficción, es la historia real de una persona con nombres y apellidos que soñó tan fuerte que se convirtió en jugadora profesional de pádel. “Es realmente un sueño que se hace realidad. Ahora tengo muchas ganas de darlo todo y representar a Francia de la mejor manera posible”, finaliza ilusionada esta joven jugadora francesa. El viaje que arrancó en la moqueta amateur del Allianz Cloud ya ha tenido varias paradas y escalas en forma de torneos, países, victorias y derrotas en apenas unos meses y en pocos días vivirá un nuevo e ilusionante destino representando a Francia en el Mundial. Y si lo encara con la misma humildad y hambre con la que arrancó esta aventura, quizá Milán no era el final del camino, eran tan solo el principio.
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